Tres propuestas

  1. Resulta habitual, aunque no por eso menos aberrante , el asesinato de mujeres a manos de sus parejas. El último caso ocurrió en Úbeda, donde una mujer murió acuchillada por su marido. Para rematar la horrible faena, el verdugo se quitó la vida tirándose por el balcón de un cuarto piso en el que vivía la pareja y sus dos hijos, también asesinados por el parricida. Son muchas las llamadas que desde diferentes colectivos y medios de comunicación se realizan para tratar de concienciar a posibles víctimas de la violencia de género. Se me ocurre pensar que el mejor anuncio que podría ensayarse para concienciar a los futuros victimarios sería el siguiente: “Si piensa suicidarse después de matar a su mujer y/o a sus hijos, invierta los términos: SUICÍDESE ANTES y le enterraremos como se merece. Hacerlo al revés le convierte en un asesino. Suicidarse antes le convierte en un suicida. ¿Cómo le gustaría ser recordado?”.
  2. Tras los asesinatos de ciudadanos negros estadounidenses, la gota ha colmado el vaso. No solamente se pretende juzgar a los asesinos actuales, sino que se quiere ajustar cuentas con todos aquellos que, gozando del prestigio que les hizo acreedores a un monumento en la plazas y bulevares, escondían un pasado que los crímenes actuales se han encargado de refrescar. Y en esas estamos, desde Cristóbal Colón a Gandhi, pasando por Churchill, Jefferson, Leopoldo II, etc. En algunos casos ha habido que esperar algo más de dos siglos para coger la piqueta y echar abajo la estatua del prócer. Seguramente, dentro de cincuenta o cien años, algunos volverán a la carga y desearán, con toda razón, tirar la estatua que encumbre a Trump, Salvini, Bolsonaro, Le Pen, Viktor Orban, etc. por sus desgraciados actos racistas, xenófobos, machistas, homófobos y supremacistas. También en esto se me ocurre pensar que, tal vez, fuera mejor esperar unos meses o un par de años y en lugar de la piqueta usar el voto. Mejor que tirar sus futuros monumentos, desalojarlos del poder con el voto de los ciudadanos. Es más rápido y menos pesado. Una papeleta de voto es mucho más liviana que un pico y una pala.
  3. Son muchas las acciones que practicamos los humanos: unas permanecen intactas en cuanto a su realización; otras van cambiando y evolucionando en función de las nuevas demandas sociales y de la tecnología imperante. El caso más reciente es el del automóvil autónomo. Dentro de muy poco veremos circular por las calles de nuestros pueblos y ciudades vehículo sin conductor y movidos por energía eléctrica procedente de recursos energéticos renovables, como la eólica, la solar, la biomasa o la biogás. Ningún parecido con los primeros automóviles con gasolina que salieron al mercado de la mano del alemán Karl Benz. Casi todo está cambiando menos el actual sistema educativo surgido en la Prusia del siglo XVIII. Ese modelo basado en clases, asignaturas, duración del horario escolar, duración del curso lectivo y en la obligatoriedad, no ha experimentado ningún cambio en algo más de dos siglos. Cualquier pedagogo, neurólogo, psicopedagogo, etc. tiene demostrado que el tiempo de atención máxima de un ser humano está en torno a los quince minutos. A partir de ese momento comienza a decaer la atención del oyente que solo se reactiva cuando el profesor o el conferenciante dice “voy acabando”. Lo que no sabemos es por qué extraña razón desoímos a los científicos en este caso y mantenemos clases de 50 o 60 minutos.

Tal vez, como consecuencia de los debates que existen actualmente sobre la forma de iniciar el próximo curso escolar, se me ocurre pensar que en ESO y Bachillerato las clases se podrían dividir en dos grupos; el profesor de una materia daría dos clases iguales, pero de veinte minutos a cada uno de los dos grupos, y descansaría otros veinte minutos para completar la hora lectiva. Se dirá que en veinte minutos poco se puede enseñar. Y es cierto, pero si el profesor sube un vídeo con la materia que explica y lo hace en veinte minutos, los alumnos podrán visualizar en su casa el video tantas veces como sea necesario y utilizar los veinte minutos más las tutorías digitales para discutir las dudas que se les planteen sobre el tema estudiado. De esa forma daríamos crédito a los investigadores sobre la educación y utilizaríamos las tecnologías de la información para que los alumnos españoles no sean digitales durante dieciocho horas del día y analógicos las seis horas que permanecen en el aula.

Tres propuestas diferentes pero que tienen su relación. Una buena educación haría innecesarias las propuestas 1 y 2.

Leer “Tres propuestas” en El Diario de Sevilla

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.