
Me llevo las manos a la nariz y me doy cuenta de que solo estaba soñando. Entonces maldigo a los editores de los telediarios que nos ofrecen cada día una media de veinte o treinta imágenes parecidas a esas que envenenan mis sueños. Cambio de cadena cuando aparecen los asaltantes de narices y vuelve a repetirse la escena; solo se diferencian unas de otras en que unas veces los de los palitos son hombres y otras veces, mujeres. Y me pregunto por las razones que animan a los responsables de los informativos a mostrarnos todos los días una y mil veces esas imágenes. ¿Qué querrán decirnos? ¿Cuál será el mensaje oculto que quieren transmitirnos? ¿Por qué esa obsesión? A veces, cuando despierto del mal sueño, recuerdo que el coronavirus del demonio ataca, a veces mortalmente, las vías respiratorias, a los pulmones, al cerebro al corazón, a los riñones y me digo que qué hubiera pasado si el virus hubiera atacado al colon. ¿Hubieran disfrutado de la misma manera quienes nos castigan con las imágenes del palito de marras?



