La casera

Acostumbro a ver la televisión sin sonido. Sé en cada momento qué van a decir los presentadores y su tropa de tertulianos que, perfectamente aleccionados, no informan ni opinan con libertad sino en función de quienes les envían o de quienes les contratan. Solo subo el volumen cuando aparece un experto en la materia de la que se esté tratando. Su opinión sí me interesa, me ilustra y aprendo.

Ese silencio televisivo me confundió el pasado domingo, 26 de abril. Vi las imágenes de un restaurante en la capital estadounidense y, de pronto, los comensales, cómodamente instalados en sus respectivos asientos, salieron corriendo y arremetiendo contra todo lo que encontraban a su paso. Pensé que La Casera había llegado también a Estados Unidos: si no hay Casera, nos vamos cuenta el anuncio que tantas veces hemos visto en nuestras televisiones patrias. Y ese parecía ser el anuncio: todos corriendo porque no había Casera.

Me había equivocado. No era un anuncio sino la noticia de que un profesor californiano se había hospedado un día antes en el mismo hotel en el que Trump iba a compartir cena y discurso con los corresponsales acreditados en Washington. El profesor portaba arma corta, arma larga y dos cuchillos. Nadie se puede creer que un día antes de la famosa cena alguien hubiera podido haberse registrado como cliente de ese hotel sin que los servicios secretos de Estados Unidos no tuvieran tomado desde una semana antes el hotel y controlado el acceso de cualquier cliente. Basta saber cómo se actúa en España en situaciones similares, para mostrarse incrédulo ante las explicaciones dadas. No resulta creíble que el tal Cole Tomas Allen accediera su habitación del hotel con ese armamento o que se paseara por todo el recinto hotelero, incluido sótanos y escalera sin que la seguridad del propio hotel y la de los encargados de blindarlo durante días antes de la cena de los corresponsales lo detuvieran.

En el caso que comento, no digo que se nos haya mentido, pero si digo que no se nos ha contado toda la verdad. Y menos verdad es la que difundió la Casa Blanca culpando al culto de odio de la izquierda del ataque contra Trump. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt pidió que cesaran las mentiras y difamaciones delirantes contra el presidente, su familia y sus partidarios que han llevado a personas desquiciadas a creer cosas descabelladas, y estas se ven incitadas a cometer actos de violencia a causa de esas palabras. En definitiva, que cesen las críticas al presidente Trump. Siguiendo ese razonamiento, si en los dos próximos años, sea cual sea la valoración de Trump en las encuestas, no se produce ningún intento de acabar con él de forma violenta, será señal de que se acabaron las críticas. Y si cesan las críticas al presidente y a su política, será señal de que se acabó la democracia en Estados Unidos.

2 comentarios en “La casera”

  1. Eduardo de Orduña Puebla

    Muy razonado y sagaz. Confiemos que continúen las críticas porque, siguiendo tu relato, será evidencia de que no acabarán con Trump de forma violenta, ni tampoco se esfumará la cada vez mas escasa democracia que aún queda en EE.UU.
    Las elecciones de final de este año pueden darnos la pauta de por dónde se encamina el electorado estadounidense y si de verdad es posible que en las presidenciales al «rubio loco» lo envíen de vuelta a casa para que el país mas poderoso de la tierra vuelva a ser ejemplo de democracia con respeto al orden internacional y a las vidas de la gente.

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