Donald Trump

La casera

Acostumbro a ver la televisión sin sonido. Sé en cada momento qué van a decir los presentadores y su tropa de tertulianos que, perfectamente aleccionados, no informan ni opinan con libertad sino en función de quienes les envían o de quienes les contratan. Solo subo el volumen cuando aparece un experto en la materia de la que se esté tratando. Su opinión sí me interesa, me ilustra y aprendo.

Al hilo de…

Donald Trump. El presidente de EEUU se compró un rotulador de punta gruesa para firmar órdenes ejecutivas y para mostrarlas a la cámara de televisión como enseñábamos nuestras pizarras al maestro cuando nos ordenaba escribir con nuestro pizarrín alguna palabra o concluir alguna cuenta de sumar y restar.

Pecholatas

El director Tamayo, allá por la década de los 60 del siglo pasado, acudía anualmente al Teatro Romano de Mérida para dirigir y realizar lo que entonces se llamaba la “Representación” y que se ubicaba dentro de la programación de los Festivales de España. Durante dos semanas actores y actrices de la categoría de Francisco Rabal, José María Rodero, Concha Velasco, José Luis López Vázquez, Julia Gutiérrez Caba, Florina Chico, etc., ocupaban el “incomparable” escenario de ese inmenso teatro emeritense representando obras de la importancia de La Orestiada, Edipo, Otelo, Medea, Calígula, Julio César, Cleopatra, etc.

Sexo y poder

Si las mujeres no votaran a los depredadores sexuales, ni Trump ni Berlusconi hubieran llegado a ser presidentes de sus respectivos gobiernos nacionales.
Solo con el voto de los hombres machistas no hubiera llegado ni con mucho a la mayoría necesaria para ocupar esas responsabilidades.

¿Quién controla al controlador?

Miembros del Tribunal Constitucional

Solo con que uno de los seis magistrados que votaron a favor de la constitucionalidad de la amnistía lo hubiera hecho en contra y uno de los cuatro que votaron en contra lo hubiera hecho a favor, el resultado de la votación hubiera sido el mismo, pero la apariencia de parcialidad de ese Tribunal se hubiera transmutado en imparcialidad.
Si ahora seis contra cuatro han votado como todo el mundo sabía, todo el mundo sabe que ese Tribunal no garantiza la constitucionalidad de las leyes sino la obediencia debida a sus respectivos partidos. Y así, no tenemos más remedio que preguntarnos: ¿quién controla al controlador?

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