Las reiteradas alusiones a España de Donald Trump del tipo “España es una causa perdida”. “No queremos más trato comercial con España». “Es un socio terrible, no quiero tener nada que ver con ellos, son mala gente, tildando a nuestro país de aliado «terrible”. El líder de EEUU llegó a calificar a España, como “son mala gente”, dirigidas a todos nosotros, ciudadanos españoles, no a sus dirigentes o gobernantes, que ya merecería una respuesta.

Ante esa ensalada de insultos, solo caben dos posiciones: o bien mandarlo a hacer puñetas, que sería poca cosa para lo que se merece semejante chiquilicuatre, que la Academia de la Lengua define como “persona algo arrogante y de escasa formalidad o sensatez”, pero que se puede sustituir por chisgarabís, cantamañanas, mequetrefe … o bien recordarle su largo y “brillante” historial: condenado por el Caso de Nueva York (El caso Stormy Daniels) donde fue acusado de falsificar registros comerciales en primer grado para ocultar el pago de 130.000 dólares a Stormy Daniels, para tratar de evitar que un escándalo sexual afectara su campaña presidencial de 2016. Y, que, además, se tuvo que enfrentar, en el caso de documentos clasificados, a las acusaciones federales por retener ilegalmente documentos clasificados de defensa nacional en su residencia de Mar-a-Lago tras dejar la presidencia, y por obstruir los intentos del gobierno de recuperarlos o por haber sido acusado en casos de interferencia electoral. Fue imputado tanto a nivel federal como estatal (en el condado de Fulton, Georgia) por sus presuntos intentos ilegales de revertir los resultados de las elecciones presidenciales de 2020, que perdió. Los fiscales lo acusaron de presionar a funcionarios electorales y difundir afirmaciones falsas sobre fraude.
Alguien con ese historial tal vez no merezca ningún tipo de respuesta. Puede ser que lo mejor sea ignorarlo y esperar a que dentro de dos años este cretino deje la presidencia de EEUU y, de nuevo, España recupere relaciones de amistad y de cooperación con un país fundamental para equilibrar el mundo actual.
Si Trump continuara con su ensalada de insultos e intento de descalificaciones hacia nuestro país, tal vez habría que replantearse el uso de las bases que EEUU mantiene en España. Alguien que nos repudia no debería tener sitio en nuestra casa. Sería preferible cambiar al inquilino y negociar con otras potencias el uso de esas bases, lo que sin duda contribuiría a precipitar el final de imperio norteamericano, cuyo actual presidente viene anunciando desde que ese imperio, en claro declive, decidió elegir como primer mandatario a semejante tarambana.



