En algunos sectores de la izquierda española se oye decir que estamos viviendo el ataque más despiadado de la brigada judicial contra el gobierno progresista. No lo tengo claro. Yo viví el acoso de una parte de la carrera judicial, aliada con algunos políticos de la oposición de entonces y algunos medios de comunicación, contra el gobierno socialista de Felipe González. Fue tan evidente que uno de sus protagonistas, Anson, director entonces de ABC, declaró tiempo después que habían llegado a poner en peligro la estabilidad del Estado con tal de acabar con Felipe González.

A nadie se le ocurrió meter, entonces, a toda la judicatura en semejante operación. Ahora sí. Oyéndolos hablar no descartan a nadie y meten a todos los jueces en el mismo saco.
Ellos sabrán por qué lo dicen. Lo que no sé es si están dispuestos a hacer algo más que denunciar en la prensa o en los mentideros esa supuesta operación. Si de verdad creen lo que dicen, tendrían que proponer alguna medida que lo impidiera. Es una anomalía que se piense y se diga que el Poder Judicial pone en evidencia al sistema democrático español. Una de las reglas constitutivas de la democracia radica en la existencia de tres poderes y la independencia de cada uno de ellos respecto a los otros dos. Si un poder, en este caso, el judicial está empeñado en acabar con el Poder Ejecutivo, la democracia ha desaparecido y habrá que sentarse para evitar esa situación.
Sea como sea, lo cierto es que yo no les arriendo las ganancias a los jueces en estos momentos. No me gustaría tener que juzgar en procesos en los que los imputados, los testigos y los procesados mienten en sus declaraciones y todos sabemos que mienten. En el Tribunal Supremo y en la Audiencia Nacional ha mentido hasta el apuntador en estos primeros días de mayo. Y no solo es que mientan; es que los ciudadanos sabemos que mienten. Y nos cansamos de que nos tomen por estúpidos.
Y por eso, yo no tendría cuajo suficiente para juzgar tanta mentira. Y por eso, siento que la democracia en España ha entrado en barrena.
No le deseo la cárcel a nadie, salvo a los etarras, a los violadores, a los asesinos de mujeres y a los grandes traficantes de drogas.
Y, si no quiero cárcel para quienes mienten para protegerse, sí les pido que nos hagan recuperar la confianza en la democracia y en la decencia del ser humano. Sus mentiras solo podrían sanarles si en lugar de mentir presentan su dimisión o admiten su error. Sus mentiras deterioran la esencia de la democracia.
Dimitir por acción u omisión. Dimitir por mentir. Dimitir por decencia. Dimitir por vergüenza. De esa manera, la democracia volvería a congraciarse con la ciudadanía y la ciudadanía con la política, independientemente de lo que hagan o dejen de hacer los jueces.



