Salón de baile y Congreso de los Diputados

El presidente de EEUU, Donald Trump, está construyendo en la Casa Blanca una sala de baile con capacidad para más de 650 personas. Simultáneamente, ordenó transformar el jardín sur de la residencia presidencial en un coliseo temporal para albergar una velada profesional de la Ultimate Fighting Championship (UFC), empresa estadounidense de promoción de artes marciales mixtas con sede en Las Vegas, Nevada, coincidiendo con las celebraciones del 250 aniversario de la independencia de EE. UU. y con su propio 80 cumpleaños.
Si un juez no hubiera ordenado parar la construcción del salón de baile, la velada de lucha de artes marciales mixtas se podría haber celebrado en ese salón.

Pero, si Trump hubiera esperado unos días, el octógono en donde Ilia Topuria sufrió la primera derrota de su carrera profesional, podría haber albergado la lucha cuerpo a cuerpo entre el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, y el líder de la oposición a ese gobierno, Alberto Núñez Feijóo. El espectáculo que hubieran ofrecido ambos contendientes habría resultado más emocionante para el presidente norteamericano y habría evitado que los españoles hubiéramos tenido que soportar semejante batalla en el Congreso de los Diputados, sede de la soberanía nacional.

El día de esa lucha libre entre esos dos políticos, los telediarios no paraban de ofrecer las imágenes y la bronca de ambos protagonistas. Supongo que ningún ciudadano habrá pensado en lo útil que para ellos habrá resultado ese intercambio de golpes bajos. Nada de lo que se dijeron tiene que ver con los intereses de la nación o con lo que agobia o inquieta a la vida de los españoles.

Insisto en que ese espectáculo habría tenido su sitio en el coliseo que Trump ordenó construir.

La estrategia empleada por los contendientes Ilia Topuria y Justin Gaethje a base golpes de pie, llaves de sumisión y resistencia física extrema fue menos violenta que los ataques verbales brutales, reproches y acusaciones cruzadas de corrupción que emplearon los dos políticos españoles.

Topuria perdió su cinturón y el invicto por decisión de su propio equipo. Sánchez perdió la votación en el Congreso, que aprobó exigir su dimisión por mayoría absoluta.

Ambos eventos diluyen la línea entre la institucionalidad y el espectáculo. Trump metió focos de concierto y deportistas de élite en los jardines presidenciales. Por su parte, la sesión del Congreso se convirtió en un «barro» político de altísima tensión, diseñado para generar titulares de impacto directo en la opinión pública.

El líder del Partido Popular concentró sus términos más duros en la honorabilidad del presidente del Gobierno, vinculándolo de forma directa con los sumarios judiciales abiertos en el entorno socialista. Frases como «Usted es la corrupción misma”, el «Nexo corruptor», preside un «gobierno indecente e incompetente”. Afirmaciones como que el Ejecutivo carecía de valores morales y que, si Sánchez no conocía las actividades de su entorno, debía dimitir por incapacidad. «Cobarde”, «Caudillista”, «El jefe de Ábalos, el pasajero de Koldo, el yerno de Sabiniano» fueron algunos de los términos lanzados de manera despectiva al presidente.

El presidente del Gobierno no se quedó corto. Replicó a Feijóo vinculándolo con la herencia de casos pasados de su partido. «Un Torquemada de la vida», un «hipócrita” que practica la doble moral de esa doble moral por los casos de «la Púnica, de la Gürtel, de la Kitchen». Y siguió calificándolo como «Líder designado para tapar la corrupción”, como jefe de la «Máquina del fango». Para rematar le acusó de ser “la voz de sus amos”.

Ya ven, de lo más interesante de quienes tienen la obligación de cooperar y colaborar en la resolución de algunos problemas para los que no tienen respuesta ninguno de los dos partidos individualmente, léase vivienda, educación, inmigración, juventud…

2 comentarios en “Salón de baile y Congreso de los Diputados”

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