Se comienza a dar por buena una nueva lectura de la Constitución de 1978. No se sabe con qué fin ni si esa lectura obedece al deseo de la inmensa mayoría de los españoles. Ahora se pretende dar un paso adelante, muy enérgico, que transforme radicalmente el sistema que tiene cuarenta y ocho años desde que aprobamos la Constitución.

Y se postula volver al sistema primitivo del centralismo a ultranza que fue la tradición española desde los inicios del Estado como tal. Este movimiento “recentralizador”, por lo que dicen los sondeos, está demandado por porcentajes significativos de la población. En el otro lado se aspira a establecer un cierto federalismo que se consideraría un paso adelante a partir del Estado de las Autonomías que tenemos. Un federalismo asimétrico para reconocer las posiciones particulares de los pueblos periféricos que se consideran naciones dentro del Estado español, equiparables a la nación española misma. Y al final, no se persigue un tipo de federalismo sino una apertura a la separación y a la independencia.
Sea cual sea el motivo, antes que cualquier comisión para releer la Constitución y reconocer el Estado Plurinacional –que por ahí pueden ir los tiros-, sería obligatorio crear una comisión para equiparar los indicadores económicos de todas las regiones de España, incluidas aquellas regiones que fueron tratadas como colonias, de las que se extrajeron materias primas, recursos y, sobre todo, población, para salvar económicamente al Estado resultante de la guerra civil y beneficiando a determinadas regiones, fundamentalmente al País Vasco y a Cataluña.
El Estado se salvó y Extremadura y Andalucía se hundieron. Andalucía perdiendo dos millones de habitantes y Extremadura, ochocientos mil. Esos casi tres millones de ciudadanos andaluces y extremeños se fueron porque no formaban parte de la llamada “prioridad nacional” o por mejor decir, de la “prioridad regional extremeña y andaluza”. Seguro que si hubieran gobernado España los de la “prioridad nacional” extremeños y andaluces habrían sido los primeros en haber recibido el apoyo del régimen y no hubieran tenido que llenar su pequeña maleta de cartón para buscar cobijo en tierras extrañas. Pero como no gobernaban ellos y sí lo hacía la dictadura franquista, el gobierno de esa época consideró necesario extraer lo mejor que tenían Andalucía y Extremadura, es decir su gente.
Estoy seguro de que ahora, con gobiernos democráticos en las regiones extremeñas y andaluzas, ni un solo extremeño ni un solo andaluz saldrá de nuestras fronteras. Será la “prioridad regional” la que se imponga a cualquier otra consideración. La nueva política prevalecerá y “primero los nuestros” será el emblema que presida la política regional de ambos territorios. Ya no hay franquismo y ya nadie tendrá que salir a buscarse la vida en otros sitios. Ya saben: “primero, los nuestros”.



