Este año 2026 lleva camino de convertirse en el año electoral por excelencia. Extremadura, a finales de diciembre de 2025 rozó su inicio. Aragón y Castilla y León después, y no se sabe si las autonómicas andaluzas serán las últimas de la serie. Nada impide que, siguiendo la moda, los presidentes de otras comunidades autónomas disuelvan sus parlamentos y convoquen elecciones en este año electoral. No excluyo de esa posibilidad que sea el presidente del Gobierno de España el que se decida a adelantar las elecciones generales de 2027 a este año de 2026.
Y el próximo día 17, las autonómicas en Andalucía.

En mis tiempos ya lejanos de estudiante en Sevilla, vi como un tal Clemente, deseoso de convertirse en Papa de Roma, no encontró otra manera de satisfacer sus deseos que crear su propia iglesia y así ser ungido como papa de la Iglesia del Palmar. La Iglesia Católica era demasiado grande y lejana para poder realizar su deseo. Se murió siendo papa, pero muy devaluado.
Volviendo a Andalucía, si yo perteneciera a un grupo de izquierdas y supiera que no voy a conseguir más que un 5 o 6% de los votos en las elecciones andaluzas, ¿qué podría hacer para ser útil a una opción de izquierdas y evitar la influencia de la ultraderecha en el Gobierno andaluz?
Tras semanas de debate y una consulta exprés, Izquierda Unida, Sumar y Podemos lograron un acuerdo y se presentan a las elecciones bajo las siglas de Por Andalucía. Su candidato es Antonio Maíllo, histórico entre las filas de IU. Nadie, ni el mismo Maíllo, ni siquiera los componentes de esa coalición, esperan que el candidato de esa izquierda vaya a ser investido presidente de la Junta de Andalucía. No se presentan para ganar sino por oportunismo. Si tienen suerte, y los números les favorecieran, a lo más que aspirarían sería a condicionar o entrar a formar parte de un posible gobierno del PSOE. Su propio oportunismo es su principal obstáculo para que esa eventualidad se convirtiera en realidad. Dividir el voto de la izquierda es el mejor remedio para que gobierne la derecha. Son ganas de ser cabeza de ratón cuando lo útil para una opción de izquierdas sería alinearse como cola de león con el único partido capaz de imponerse al éxito electoral de la derecha.
En Andalucía, como ya pasó en otras Comunidades y en el conjunto español, siempre existen voluntarios para ser papas, pero de segunda división. A lo más que pueden aspirar por tanto es a convertirse en monaguillos de las únicas formaciones políticas que siempre tienen posibilidades de gobernar.
Y por el otro lado del espectro, si yo pertenezco a un partido de derechas que sé con seguridad que no va a ganar por mucho que avance, ¿qué podría hacer para evitar un gobierno de izquierdas? Manuel Gavira era portavoz del grupo de Vox en el Parlamento andaluz y es también el candidato del partido de Santiago Abascal para las elecciones del próximo 17 de mayo. La formación de ultraderecha ha cosechado buenos resultados en todas las elecciones autonómicas que se han celebrado estos últimos meses, especialmente en Extremadura y en Aragón. Ha sido clave en la formación de Gobierno de estos territorios, y lo serán también en Castilla y León. Saben que por mucho que corran, y parece que comienzan a notar cierta pájara, no van a conseguir que Gavira gane las elecciones de su comunidad. Si de verdad se presentaran para cortar el paso al PSOE, lo más sensato sería retirar su candidatura y apoyar a la única opción de su espectro político que puede ganar. Otro caso de cabeza de ratón.
Cualquier partido o coalición saben que no van a ganar unas elecciones mientras no estén acompañados por estructuras que les garanticen presencia en todo el ámbito territorial. Solo Partido Socialista Obrero Español y Partido Popular disponen de esa estructura. Los demás son fuegos artificiales que se difuminan y apagan cuando alcanzan una determinada altura.
Leer «Cabeza de ratón» en el Diario de Sevilla



