La casera

Acostumbro a ver la televisión sin sonido. Sé en cada momento qué van a decir los presentadores y su tropa de tertulianos que, perfectamente aleccionados, no informan ni opinan con libertad sino en función de quienes les envían o de quienes les contratan. Solo subo el volumen cuando aparece un experto en la materia de la que se esté tratando. Su opinión sí me interesa, me ilustra y aprendo.