Y si no fuera culpa de las pantallitas

En mi opinión, los alumnos que asisten a sus clases tienen el derecho a ser educados y enseñados con arreglo a las tecnologías existentes en cada momento. De la pizarra y el pizarrín, con su consecuente borrado con la saliva de cada estudiante, se pasó al tintero y al plumín con su correspondiente palillero; de ahí al bolígrafo Bic y, de este, a las diapositivas. Como siempre, el alumno recibía la teórica en las horas de clase y realizaba sus ejercicios (llamados deberes) en casa, en compañía de su madre, de su padre o de su hermano mayor, muchos de ellos se las veían y se las deseaban para realizar una ecuación de segundo grado o para calcular el área de un polígono estrellado de ocho caras.

Y si no fuera culpa de las pantallitas

Llegó internet, los smartphones, las tabletas… y se pretende que los alumnos sean digitales durante 18 horas al día y analógicos las seis horas restantes (las que pasa en los centros escolares). Y eso no funciona. Los resultados del informe PISA lo ponen de manifiesto. Si las pantallitas fueran responsables de ese cierto fracaso del sistema educativo de nuestro país, habría que explicar las razones que siguen animando al 86% de los colegios españoles que prohíben los teléfonos frente al 49% de media de la OCDE y cuyos resultados, en muchos países, superan con creces al español. 

Es sabido que si un edificio no presenta una buena cimentación, tarde o temprano ese edificio colapsará. Hace dos meses acabaron las pruebas de acceso a las distintas universidades españolas. De todos es sabido que los alumnos con notas de corte más altas se dirigen a Medicina, Matemáticas + Física o Ingeniería Informática + Matemáticas.  Para Medicina se necesita una nota de admisión muy alta, normalmente alrededor de 12,5–13; sobre el 11, para Matemáticas. Entre un 6 y un 7 para estudios de Magisterio. A primera vista se puede inferir que los alumnos más brillantes optan por grados en Matemáticas más Física o a Ingeniería Informática más Matemáticas. En caso contrario, los menos brillantes buscarían el refugio en Educación.

No sé lo que ocurre en cada familia a la hora de elegir estudios, si pueden acceder a ellos. Se sabe qué pasa en la Familia Real española. El entonces Príncipe Felipe, además de su formación castrense, se licenció en Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid; la Infanta Cristina se licenció en Ciencias Políticas en la Complutense de Madrid; la Infanta Sofía estudia el grado de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales a través del Forward College, de Londres. Y, por último, la Princesa Leonor, después de completar su formación militar, acaba de iniciar el grado de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid. La nota de corte para matricularse en ese grado en Políticas ha subido muchísimo este año, sin duda por el “efecto princesa”. En el curso 2025-26, esa nota fue de 9,542; en este curso 2026-27, la nota de corte subió hasta el 10,728, una subida de +1,186 puntos.

Solo la Infanta Elena se diplomó como Maestra de EGB en la Escuela Universitaria ESCUNI de Madrid. Lástima que la Princesa Leonor no hubiera decidido matricularse en cualquiera de las especialidades del grado de Magisterio. Hubiera subido la nota de corte de ese grado. Es fundamental que accedan a él los alumnos más preparados del sistema educativo.

En estos últimos días la prensa se ha hecho eco del resultado de las oposiciones de magisterio en España. Hubo una oleada de suspensos con tasas de no aprobados de hasta el 83% en Comunidades como Castilla y León, y cifras superiores al 60% en Asturias y Murcia, debido sobre todo a la aplicación estricta de criterios de penalización por faltas ortográficas y errores gramaticales. Si acaso los estudios de Educación no fueran elegidos por vocación sino por incapacidad de acceder a otros grados por notas de cortes más altas, el sistema educativo fallará, como está fallando en la actualidad; sus cimientos son movedizos y el edificio se cae.

No queda otra que olvidarse de culpar a las pantallitas y dignificar los estudios de magisterio (nota de corte de las más altas y sueldo de los que se dediquen a esa profesión del doble de lo que se percibe en la actualidad). Los más veteranos, recordamos aquel triste dicho de que “pasas más hambre que un maestro de escuela”. La profesión más importante, viene precedida de un dicho infame que reflejaba la indignidad de la profesión de Maestro. La carrera universitaria más importante tiene una de las notas de corte menos alta. Por otra parte, quienes aspiren a impartir docencia en secundaria y bachillerato, deben acceder a un máster de educación que hace la felicidad de las universidades privadas por su elevado coste. Ese máster es impartido por profesores que no tuvieron que demostrar ni acreditar su capacidad docente en las universidades en las que imparten docencia. Se exige un máster en formación del profesorado de educación secundaria impartido por quienes no disponen de él.

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