Y si no fuera culpa de las pantallitas
En mi opinión, los alumnos que asisten a sus clases tienen el derecho a ser educados y enseñados con arreglo a las tecnologías existentes en cada momento. De la pizarra y el pizarrín, con su consecuente borrado con la saliva de cada estudiante, se pasó al tintero y al plumín con su correspondiente palillero; de ahí al bolígrafo Bic y, de este, a las diapositivas. Como siempre, el alumno recibía la teórica en las horas de clase y realizaba sus ejercicios (llamados deberes) en casa, en compañía de su madre, de su padre o de su hermano mayor, muchos de ellos se las veían y se las deseaban para realizar una ecuación de segundo grado o para calcular el área de un polígono estrellado de ocho caras.
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