Los más listos de la tribu

En estos momentos, días después del desgraciado accidente del lunes, 19 de enero, alguna prensa ha decidido que sus periodistas, elegidos por la divinidad, son los más listos de la tribu. Enfrente, una masa de ciudadanos a los que nos valoran como medio tontos e ignorantes. Desde esa condición de elegidos, se consideran con el derecho a manipular la realidad sin temor a ser descubiertos por esa masa de lectores que ellos consideran idiotas. En lugar de relatar lo sucedido aportando el mayor número de datos y de hechos relevantes, se han dedicado a manipular la información para llegar a conclusiones interesadas y queridas de antemano.

El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, en la crisis tras el accidente de tren de Adamuz – Kiko Huesca / Agencia EFE

Los ciudadanos tenemos derecho a conocer lo que ha ocurrido, juzgarlo por nosotros mismos, equivocarnos cuantas veces lo hagamos y construir nuestra verdad con total libertad sobre los hechos que la prensa nos debe ayudar a conocer.

Quiero creer que a nadie se le pasa por la cabeza la idea de que en un ministerio se esconde el autor del descarrilamiento y choque de dos trenes con el resultado de 45 muertos y más de 100 heridos. Como tampoco debería pasar por nuestro cerebro la idea de conceder una medalla al ministro que impulsó la construcción de un embalse en cualquier rio de España. Sí funciona este segundo caso cuando se trata de inaugurar algo por la autoridad competente, pero se resisten esas autoridades a asumir su responsabilidad en el caso primero. Cuando el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, inauguró la Variante de Pajares en noviembre de 2023, todos los asturianos sabían que el responsable ministerial no hizo esa obra por la que fue aplaudido y reconocido. De igual forma, todos los españoles sabemos, que si la causa del descarrilamiento y del posterior choque de trenes fue por una rotura de un carril, no fue porque el ministro usara una maquinaria pesada para quebrarlo con nocturnidad y alevosía. En esta situación, nadie va a reconocer o aplaudir al ministro; se le va a exigir la dimisión en el supuesto de que él, motu proprio, no dimita. Es lo que tiene esto de la política: que te cargas de medallas y de votos o te manda a tu casa, según las circunstancias. Algunos, como el anterior primer ministro portugués, António Costa, dieron ejemplo de cómo dignificar la política: dimitió porque iba a ser investigado por algo que no había cometido y porque se equivocaron de persona, como se demostró a posteriori. Hoy es presidente del Consejo de la Unión Europea. Igual recorrido realizó el ministro de Obras Públicas de Portugal, Jorge Coelho, que presentó su dimisión irrevocable al día siguiente del desplome de un puente centenario y la caída de un autocar con 67 personas al rio Duero.

La dimisión del ministro de Transporte evitaría que tirios y troyanos siguieran arrimando el agua a su molino tergiversando y manipulando la información, en lugar de ofrecer el mayor número de datos para que los ciudadanos nos formemos nuestra propia opinión. Da grima escucharlos o leerlos. Algunos se atrevían a opinar sobre si los bogies estaban o no en perfecto estado de revista, sin saber lo que era un bogie. No les importa. Ayer hablaban del desenganche del funicular de Lisboa, más tarde de los fuegos de sexta generación y mañana, ya veremos. No me extraña que la prensa cloaca le vaya comiendo el terreno cada vez más a la prensa profesional. Me inquieta que se debilite el mayor instrumento de que dispone la democracia para controlar y denunciar los abusos del poder político, económico, social y cultural.

Cerrando este artículo, oigo por radio que “una nueva rotura en una vía del AVE a la altura de Tarragona en el trayecto que cubre la distancia Barcelona-Madrid ha obligado a reducir la velocidad a 80 kilómetros por hora”. Acordándome de la propuesta de los 350 kilómetros por hora no he podido evitar que me viniera a la memoria aquello de “arrancada de caballo andaluz, parada de burro manchego”.

1 comentario en “Los más listos de la tribu”

  1. José Carlos de los Riscos Hidalgo

    Recientemente Sebastian Lecornu dimitió por no aprobar los presupuesto en la Asamblea Nacional, aquí ya debería haberlo hecho Pedro Sánchez, y si Sánchez no lo hace, tampoco lo hará su pupilo. En cuanto a los periodistas y su trabajo, resulta inquietante el papel de un periodismo degradado, más preocupado por alimentar la polarización que por informar con rigor, datos y prudencia. La ética periodística, como recordó Ryszard Kapuściński, exige que “para ejercer el periodismo hay que ser buenas personas; los malos no pueden ser buenos periodistas”. Informar no es señalar culpables antes de conocer los hechos ni convertir la tragedia en munición partidaria.

    Cuando el periodismo renuncia a su función de búsqueda honesta de la verdad y se somete a intereses ideológicos, deja de servir a la ciudadanía y debilita la democracia. Sin responsabilidad política y sin ética periodística, el espacio público se convierte en ruido, sospecha y manipulación; exactamente lo contrario de lo que una sociedad libre necesita tras una tragedia colectiva.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Scroll al inicio