Ni esta ni se le…


Me considero un visitante asiduo de la provincia malagueña. Con parada y fonda en su capital, Málaga, trato de visitar aquellos pueblos y ciudades que me aconsejan los malagueños. Es verdad que somos demasiados visitantes para una ciudad tan encantadora, tan acogedora y tan hospitalaria. En ocasiones, se nota que ha disminuido el turismo por culpa de la masificación o por ausencia de la infraestructura ferroviaria como pasó en esta última semana santa.

La llegada del AVE a Málaga en 2007 marcó un antes y un después. La economía, el turismo, la cultura establecieron puntos álgidos de turismo que la belleza y el excelente clima malagueño no habían llegado a imaginar antes de esa infraestructura ferroviaria. Las dos horas y media de Madrid a Málaga se convirtieron en un aliciente para muchos ciudadanos que dejaron de usar una autovía lenta que hacía interminable el viaje. Ya no había que esperar a la llegada del verano. Dos horas y media de viaje permitía pasar un fin de semana sin que se empleara medio día para Madrid-Málaga y otro medio día para el viaje en sentido inverso. Las nuevas tecnologías y la corta duración del viaje han permitido a muchos profesionales instalar sus empresas en esa capital andaluza. La buena gestión de su actual alcalde y el AVE transformaron Málaga para bien. Hoy Andalucía estaría peor situada en el ranking de la riqueza regional si se quitara la riqueza que aporta Málaga.

Fue en los inicios de 2026, cuando tras las incidencias con accidentes mortales, los malagueños notaron el gran impacto que para Málaga y su provincia provocó el cierre provisional de esa línea de AVE.

Málaga sin AVE es el fiel retrato de lo complicado que resulta en otros territorios atraer turismo al por mayor y a empresas que aumenten la contribución del PIB industrial al producto bruto regional. Cuando Málaga se ha quedado sin AVE muchos hemos pensado en las dificultades en las que se desenvuelven algunos territorios que no tenemos esa oportunidad de atraer iniciativas industriales o turismo en menos de dos horas desde la capital de España.

Elías Bendodo, diputado popular malagueño lo expresaba acertadamente en un programa de televisión cuando dijo: “Los turistas que estamos perdiendo por no tener AVE”. Imagino que el responsable de política autonómica del PP comprenderá ahora por qué los turistas no viajaron a las regiones o provincias que ni tenían ni tienen AVE. Bendodo, en su crítica al ministro de Transporte, por su tardanza en solucionar el problema que tiene anulada la alta velocidad de Madrid a Málaga, se lamentaba de que ese ministro no hubiera siquiera respondido a su propuesta: “Ponga usted un vuelo Madrid-Málaga y Málaga-Madrid a un precio tasado mientras llega de nuevo el AVE”. Supongo que esa propuesta, que parece razonable, se podrá exigir también para Extremadura o para La Rioja o para Jaén o para Teruel o para Huelva o para Cádiz o para Salamanca bien con aviones o con otros medios de transporte.

No cabe la menor duda de que una línea de alta velocidad añade un plus a una ciudad como Málaga que ya dispone de suficientes atractivos para atraer visitantes de diversos pelajes y motivaciones. La pérdida provisional del AVE seguramente ha desviado un turismo que hubiera acudido a Málaga por sus condiciones y su proximidad en tiempo a Madrid. Se pone de manifiesto que existen dos Españas en estos momentos: la España vaciada y la España alejada. Una y otra están interrelacionadas. La España que mide sus distancias en tiempo y la España que mide sus distancias en kilómetros. La que la mide en tiempo se llena. La que lo hace en kilómetros se vacía. Málaga sin AVE es el espejo de la España sin alta velocidad. El AVE a Málaga volverá pronto. El AVE a la España vaciada no está ni se le…

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