¿Una gran nación?

La explicación de las razones que animaron a EEUU a elegir un presidente como Donald Trump se encuentra en su historia como nación consolidada. El capítulo más oscuro de su historia fue escrito por los norteamericanos en el siglo XIX y en parte del XX.

Habían pasado unos pocos años desde que los estadounidenses conquistaron su independencia. A mediados del siglo XIX estuvieron a punto de robustecer su división. Fue la línea Mason-Dixon la que dividía a los norteamericanos del norte y del sur. Sus economías eran claramente diferentes. El norte había comenzado a desarrollarse industrialmente. El sur continuaba con sus explotaciones de tabaco, índigo y azúcar como consecuencia de las ventajas competitivas que ofrecía un clima más cálido que el del norte. No solo el clima favorecía ese tipo de cultivos; la explotación de la mano de obra esclavizada rayaba el límite de lo humano. Los dueños de las explotaciones trataban a los esclavos peor que a sus animales.

El clima, el tipo de cultivo y, sobre todo, la mano de obra de los esclavos posibilitaron que el sur de EEUU fuera económicamente más rico que sus paisanos norteños. Fue la mano de obra barata y esclava la que permitió que la economía sureña superara el valor económico de un norte con industrias y con bancos. Fueron casi cuatro millones de esclavos los artífices de ese auge de la economía del Sur.

Bien por razones humanitarias o por razones económicas, en 1860, el candidato presidencial, Abraham Lincoln, prometió acabar con la esclavitud en la nación norteamericana. La mayoría de los votantes se alinearon con ese mensaje y Lincoln fue elegido presidente de los EEUU.

Seis estados de sur temieron que su economía dejaría de ser tan competitiva si se prohibía la existencia de esclavos. Sabían que una economía agraria sin costes en la mano de obra dejaría de ser más rentable que la basada en la revolución industrial del norte. Decidieron separarse de la Unión, dando así comienzo a la guerra civil. A los seis Estados se unieron cuatro más. El conflicto bélico duró cuatro años. Y finalmente, la esclavitud fue abolida.

Esos Estados del sur, que fueron derrotados, no se resignaron y a finales del siglo XIX fueron dotándose de leyes de segregación racial, apoyados en la sentencia del Tribunal Supremo de 1896, que legitimó constitucionalmente la doctrina de “separados pero iguales” con la única condición de que las instalaciones y servicios ofrecidos a cada grupo fueran equivalentes.

Gradualmente, los tribunales de justicia fueron declarando inconstitucionales la segregación racial en las escuelas, en 1954; en 1964 se prohibió la segregación y la discriminación racial en numerosos ámbitos de la vida pública y laboral; un año después, en 1965, se arbitraron medidas para eliminar las barreras que impedían ejercer el derecho al voto a las minorías afroamericanas; en 1968, se prohibió la discriminación racial en la vivienda. Mecanismos destinados a impedir o dificultar que los afroamericanos votaran. Escuelas separadas. Transporte público separado. Restaurantes y establecimientos separados. Baños y fuentes de agua separados. Hospitales y otros servicios públicos separados.

O sea, que hasta pasada la primera mitad del siglo XX y casi dos décadas de la segunda mitad de ese siglo pasado, se mantuvo el sistema de segregación y discriminación legal que se desarrolló posteriormente, especialmente en el Sur.

Así fue la historia de los derechos civiles en Estados Unidos. Es posible que Donald Trump no conozca esa parte vergonzosa de la historia de EEUU. Si fuera consciente de este pasado no andaría un día sí y otro también con el eslogan de la “gran nación”. El pasado día 22 se manifestó “como presidente del país más extraordinario del mundo”. En el caso de España, sus afirmaciones suelen ser exageradas y falsas. Debe ser que Trump nos considera en exceso y, ahí, en esa consideración, radica su interés en tratar de desprestigiarnos. No creo que nos tema, pero sí creo que nos envidia. Tenemos un presidente del Gobierno que no le cae bien al mandatario ampuloso, pero el nuestro no va por ahí agrediendo a mujeres ni ha tenido que pagar 5 millones de dólares por abusar sexualmente de una escritora.

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