Puigdemont ya puede volver. “Hoy no se soluciona nada”. “Volveremos a hacerlo”. Nueva derrota para el constitucionalismo español. El pasado viernes, 2 de octubre, enseñaron la patita. De progresistas nada. Pura derecha reaccionaria. Alguna izquierda pretende igualarse a ella en la identidad. Cuanto más a la izquierda se sitúan, más nacionalistas se definen. ¿Y el internacionalismo de Lenin?

El independentismo catalán se sustenta en unas afirmaciones rotundas y repetidas a menudo. Todas ellas son falsas.
Pompeyo Gener (Barcelona, 1846 o 1848 o 1850-Barcelona, 14/11/1920) dio a la imprenta en 1887 su Herejías, texto introductor del elemento racial en el incipiente catalanismo. Gener consideró que la mayor parte de España estaba inevitablemente incapacitada para el progreso: “Vamos dudando hace ya algún tiempo que la mayoría de España sea capaz de progreso a la moderna. En el centro y en el Sur, exceptuando varias individualidades, hemos notado que, por desgracia, predomina demasiado el elemento semítico, y más aún el presemítico o bereber con todas sus cualidades: la morosidad, la mala administración, el desprecio del tiempo y de la vida, el caciquismo, la hipérbole en todo, la dureza y la falta de medios tonos en la expresión, la adoración del verbo”. “Y, en cambio en Cataluña, la tendencia es diametralmente opuesta”.
En 1976, Pujol publicó La inmigració, problema i esperança de Catalunya, donde dice que el hombre andaluz “constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España. es un hombre destruido y anárquico”.
Durán y Lleida, 2011: “Mientras nuestro payés tiene que dejar alguna fruta en el árbol porque no la puede coger y no le sale a cuenta cogerla por el precio que le pagan, en otros sitios de España, con lo que damos nosotros a la aportación conjunta al Estado, reciben un PER para pasar una mañana o toda la jornada en el bar del pueblo”.
Concedo que en Cataluña y en el País Vasco se generó una burguesía emprendedora que, en Extremadura, en Andalucía y en otras regiones brilló por su ausencia. Pero eso no explica todo; también lo explican los beneficios que el nacionalismo español aportó a la falta de competitividad de la industria textil catalana.
La producción textil algodonera catalana se mantuvo estancada a lo largo del siglo XIX, dada la imposibilidad de competir en el exterior por su obsolescencia. ¿La solución? El proteccionismo que gravó con altísimos impuestos los textiles británicos. Producir mal y no ser competitivos lo solucionó el Gobierno de España con una política proteccionista que, además de a toda España, perjudicó a la industria catalana que no necesitaba competir con el exterior y quedó obsoleta. Los ciudadanos españoles tuvieron que pagar más caro la producción nacional frente a la exterior que tenía vetada su entrada en el mercado nacional. Stendhal, tras un viaje de Perpiñán a Barcelona, en 1839, en su Diario de un Turista, escribe: “Los catalanes quieren leyes justas a excepción de la ley de aduanas, que debe ser hecha a su medida. Quieren que cada español que necesite algodón pague cuatro francos la vara”. “El arancel proteccionista implantado por los Gobiernos de España ha convertido al resto de España en un mercado cautivo del textil catalán”.
El escritor Vicente Blasco Ibáñez escribió en 1907: “Valencia, que ha sido la cenicienta del Mediterráneo, en cuyo puerto impera la más honda miseria por culpa de Barcelona, que lo absorbe todo, que es el verdugo de Levante, que quiere convertir toda España en huevo para tragarse hasta la cáscara, que envía a nuestra ciudad sus productos libremente, sin que sufran ningún impuesto a su entrada, y en cambio la pasa, la naranja y las legumbres valencianas pagan un enorme tributo municipal al entrar en Barcelona”.
El centralismo madrileño y el nacionalismo proteccionista español enriquecieron a unos territorios y empobrecieron a otros. Fue un círculo vicioso, beneficioso para unos y perjudicial para otros. Deberían ser menos arrogantes.
Leer «Volveremos a hacerlo» en el Diario de Sevilla



