No todo tiene que ser negativo. Por muy poco que se busque siempre se encuentra un resquicio por el que poder respirar. El PSOE ha concluido una racha electoral que a primera vista separa a este partido del que fue en las décadas de los 80, 90 y 2000. Era casi natural que los socialistas arrasaran en comunidades como la andaluza y la extremeña. Desde 1983 se votaba socialismo en esas regiones por tradición y por hartazgo. La tradición socialista de Extremadura y Andalucía en la Segunda República, derrotada en la calle durante la dictadura, pero siempre viva en cada casa y de puertas para adentro, posibilitó que el socialismo fuera creciendo en elección tras elección hasta llegar a las autonómicas que posibilitaron gobiernos socialistas en ambas regiones. La derecha no era digna de obtener la confianza de quienes habían sido cómplices de un franquismo que trató a ambas regiones peor que a las colonias africanas. Los años de gobierno en esas comunidades autónomas podían hacer pensar que los ciudadanos de eso territorios se habían identificado con sus siglas, convirtiendo a sus competidores en meros acompañantes del socialismo.

Era un espejismo. Cuando el PSOE comenzó a pensar que esos territorios eran los suyos, los ciudadanos se encargaron de demostrarle que no era así. Que estaba equivocado.
Hemos llegado a 2026 y se rompió el encanto.
Primera oportunidad.
Algunos dirigentes socialistas de esos territorios andan tratando de recomponerse y de recuperar el terreno perdido. Y lo pueden hacer.
El Partido Popular, ganador indiscutible en Andalucía, Extremadura, Aragón y Castilla y León podría haber iniciado o continuado un proceso de autoafirmación que hubiera condenado a los socialistas al papel de segundones durante años. No ha sido así. La falta de mayoría absoluta en los cuatro territorios podía haber sido aprovechada por los populares para dar un golpe de efecto que hubiera desarmado al PSOE. El no acuerdo con Vox les hubiera dado mayor credibilidad a los candidatos populares. Hubiera bastado con que esos candidatos entre la coherencia y el sillón hubieran optado por la coherencia. Con haberse presentado a los debates de investidura sin haber pactado con la extrema derecha, hubieran obtenido sus investiduras o se hubieran repetido las elecciones. En cualquier caso, sus prestigios no solo se hubieran mantenido limpios sino que hubieran cotizado al alza. Rechazar el sillón presidencial a costa de mantener la decencia y la coherencia les hubiera aportado votos y solidez. Han ganado las presidencias de Extremadura y Aragón; seguro que también se harán con los gobiernos de Castilla y León y Andalucía. Pero es mucho más cierto que sus votantes menos fanáticos no les van a perdonar haber perdido la dignidad en sus pactos con Vox. Entre sillón o decencia eligieron lo primero. Ahí está una oportunidad para el PSOE.
Segunda oportunidad.
La segunda oportunidad la ofreció el sábado pasado la manifestación de la llamada Sociedad Civil Española. ¿Qué pintaba Aldama en esa manifestación? Una cosa es que no esté en la cárcel por colaborar con la fiscalía anticorrupción y otra cosa es que se dedique a participar en manifestaciones contra la corrupción y contra el gobierno de España. Una persona que tiene pendiente una sentencia en un proceso por corrupción en el que se le piden varios años de cárcel no es el ciudadano más ejemplar para exteriorizar sus filias o sus fobias. No dudo que una parte importante de los ciudadanos que salieron a manifestarse contra Sánchez lo hicieron por exigencias de sus conciencias cívicas. Aldama no tiene el más mínimo argumento que le permitiera ocupar un lugar en una manifestación contra la corrupción. Un corrupto confeso manifestándose en contra él mismo. El mundo al revés. El corrupto protestando contra los corruptos.
Una manifestación a favor de España contra una parte importante de españoles. Nadie que se sienta español puede inclinarse por opciones que intentan eliminar a una parte de sus compatriotas. “Primero los nuestros sin no son socialistas” parece ser la nueva lectura de la prioridad nacional. Si el PSOE consiguiera tratar de representar a la inmensa mayoría de españoles, respetando a quienes no piensen de la misma manera, serían muchos más los que se decantarían por una opción que no divida sino que negocie y acuerde cuando se pueda.
Tercera oportunidad.
La tercera oportunidad la ofrece la posibilidad de los cambios que los distintos procesos electorales aconsejan. Este es el escenario: derrota del PSOE en elecciones autonómicas en Andalucía, Extremadura, Aragón y Castilla y León. En la Comunidad de Madrid, el PSOE fue la tercera fuerza, empatado en escaños con Más Madrid, pero ligeramente por detrás en votos. En Galicia fue la tercera fuerza también, por detrás del Partido Popular y del Bloque Nacionalista Gallego. En el País Vasco el PSE-EE (la federación vasca del PSOE) fue la tercera fuerza, detrás de Partido Nacionalista Vasco y de EH Bildu, (los herederos de ETA). En Cantabria quedó el tercero tras PP y PRC. Derrota en las elecciones autonómicas y municipales del 28M. En las elecciones generales del 23J, el PSOE obtuvo 121 escaños, cuatro menos que los que obtuvo Almunia en las Generales del año 2000 y que provocó su dimisión.
Para algunos, el refrán neerlandés que dice que Con tal de calentarse, le da igual de quién sea la casa que se quema es válido para ellos, pero perjudicial para el socialismo. Ha llegado la hora de cambiar de itinerario. Seguir por el que se recorre llevará al socialismo al mismo sitio en el que se encuentra. Distinto camino, con distintos dirigentes, como se ha hecho en Extremadura, puede ser la gran oportunidad de recuperar al PSOE como el gran partido del centro izquierda español.



