Como saben los lectores, Extremadura es una región con dos provincias, Cáceres y Badajoz. La provincia pacense es la más poblada de las dos y, por una cuestión aritmética, es la que tiene un 63% de los afiliados al PSOE de Badajoz y un 37% la de Cáceres. No es el número sino la calidad, la actitud y la aptitud las condiciones necesarias, aunque no suficientes, para obtener la confianza de los militantes socialistas extremeños a la hora de liderar al PSOE de Extremadura. Esas condiciones no solo son atributos de los militantes de una de las dos provincias; también lo son de la otra.

Cada vez que se han convocado elecciones primarias para elegir al secretario general socialista del PSOE extremeño o al candidato a presidir la Junta de Extremadura han surgido candidatos de cada una de las dos circunscripciones. Sin duda, los méritos han acompañado y acompañan también a los que se postulan en esta ocasión para ocupar la secretaría general vacante
El argumento de algunos a la hora de elegir candidatura coincide con el que utiliza Vox para excluir a los que no son españoles de los derechos fundamentales de los seres humanos. Para la extrema derecha los servicios sociales no se deben prestar en función de quienes los necesiten sino por el lugar de nacimiento del beneficiario. “Primero, los españoles”. No les importa si quien no lo es necesita asistencia sanitaria o educación. “Antes que ellos, los españoles” dicen los portavoces de Vox. Igual es el razonamiento de algunos que supuestamente se reconocen como socialistas y como extremeños: “primero el de Cáceres” o “primero, el de Badajoz”. No se fijan en las condiciones de cada candidato. No importa si el de Cáceres es mejor que el de Badajoz o viceversa. Lo que importa es que “uno es de mi provincia y, por eso, le voto”. Esa manera de abordar ese asunto se asemeja a la manera de la extrema derecha.
Y para adornar más el trámite, la experiencia indica que el ganador, lejos de integrar al perdedor, lo proscribe sine die. Eso sí, si ese ganador resulta perdedor, exigirá que se cuente con él y con parte de sus adeptos. Si en lugar de perder, gana, no utilizará el argumento del perdedor. La cosa es así: “si ganó todo para mí y mis adeptos. Si pierdo, que me integren”.
Supuestamente el sistema de elección por primarias es un acto de absoluta libertad. El militante con derecho a voto elige libremente a quien considera mejor candidato para liderar el partido o para ocupar la presidencia de la un gobierno municipal, autonómico o estatal. Y los candidatos deberían acudir a la elección adornados por sus cualidades, por su compromiso y por haber ganado sus avales sin que los avalistas hayan sido coaccionados o condicionados por terceras personas.
Quienes militan en el PSOE saben que no siempre ocurre de esa manera. Existen candidatos que tienen el aval de la militancia, porque esos avales no son gracias a sus virtudes sino a los de otros que han buscado la firma de muchos para entregarlas a quien no hubiera llegado jamás a conseguirlas por méritos propios. Y así el sistema también queda debilitado. Se vota a uno o a otro con criterios localistas y se vota a unos o a otros por influencias de terceros. De esta manera, lo que fue instituido para que el afiliado vote con libertad queda reducido a unos voto condicionado por factores territoriales o por influencias de grupos de presión.
Volviendo al caso extremeño lo ideal sería que las cuatro candidaturas no tuvieran más respaldo que el que reciban de los afiliados cuando llegue la hora de votar. Avales inducidos sirven para presentar la candidatura, pero transmiten la debilidad del candidato. Ojalá, los militantes no se dejen influir por nadie y decidan personalmente lo que piensen que le conviene más al PSOE de Extremadura. Una mala elección abundará en la idea de que, cincuenta años después de un socialismo fuerte, liderado por dos generaciones que transformaron Extremadura, fue condenado a la insignificancia de manos de una generación que no supo unir sus fuerzas por ambiciones personales o por la desidia de sus militantes. La historia siempre juzga a los responsables de los éxitos y de los fracasos.




No se puede estar mas de acuerdo. Elegir al mejor de entre los que se postulan debe ser por sus méritos, capacidad y solidez ideológica, nunca por el chauvinismo de pertenecer a tal o cual provincia y tener mayor o menor militancia. Tampoco porque toque que sea un compañero o compañera, tan válido puede ser uno como otra, y ya digo que la decisión debe estar motivada por quien mejor defienda la esencia y el proyecto socialista para Extremadura. Y tienes razón presidente, hemos de comportarnos como una Federación y elegir libremente sin condicionantes, ataduras ni compromisos.
Ójala y acertemos, ójala que después tengamos liderazgo para mucho tiempo como el que tuvimos contigo. Ah! y que lo veamos y disfrutemos quienes ya pasamos a la reserva.
Resulta decepcionante el mecanismo de primarias para elegir candidato en los partidos políticos y en el PSOE en particular. Estamos observando como ese mecanismo en principio tan democrático, ha degradado la cultura democrática interna de un partido , generando un clientelismo , el amiguismo y el premio a la lealtad incondicional al líder , ocasionando la destrucción democrática de un partido . En definitiva, tendríamos que preguntarnos si las Primarias es el mejor sistema para elegir a un candidato, y si lo fuese , que medidas garantistas y correctoras deberían arbitrarse
Estimado Juan Carlos, tu voz merece una atención especial, no solo por la autoridad que da la experiencia, sino porque durante veinticuatro años al frente de la Junta contribuiste decisivamente a la modernización de Extremadura y a su profundo cambio social. Por eso, cuando alertas sobre los riesgos de una mala elección en el socialismo extremeño, sabemos que lo haces desde la responsabilidad histórica.
Comparto, además, tu recelo hacia las primarias. Se presentan como un refinamiento democrático, pero con demasiada frecuencia introducen una lógica de facción que empobrece al partido. En cada proceso no solo se confrontan proyectos (que tras las primarias el ganador tira a la basura): también se pierden compañeros valiosos, se erosionan trayectorias serias y se abre paso, demasiadas veces, una selección adversa en la que prosperan el arribista, el táctico sin obra y el inepto con aparato. El partido, que debería ser escuela de carácter y mérito, acaba convertido en un mercado de adhesiones emocionales e interesadas.
Pero el problema de fondo es aún más delicado. Las primarias alteran la anatomía moral de la organización: quien sale elegido por apelación directa a los votantes internos tiende a sentirse desligado de los órganos de deliberación, equilibrio y control. Deja así de responder ante las instancias del partido y pasa a hacerlo, casi en exclusiva, ante su propia legitimidad plebiscitaria. Y cuando eso ocurre, la organización se debilita, la responsabilidad se disuelve y el liderazgo degenera fácilmente en personalismo. Un partido serio no puede reemplazar la mediación orgánica por la aclamación.