1.- No he podido evitar echar la vista atrás e imaginar a Manuel Fraga, a José Rodríguez de la Borbolla, a Pascual Maragall, a José María Aznar, a José Bono, a Pedro de Silva o a mí mismo -todos que fuimos presidentes de Comunidad Autónoma- esperando órdenes de las direcciones de nuestros respectivos partidos para saber cómo, cuándo y con quién acordar medidas y proyectos en nuestras respectivas investiduras.

Cuando algún ministro se dirigía a mí para intentar adoptar decisiones que arroparan al gobierno aunque perjudicaran a Extremadura, siempre recibían la misma respuesta: si quieres te remito el número de teléfono del Delegado del gobierno en Extremadura, porque estás llamando a la Presidencia de la Junta De Extremadura.
Hoy, sin embargo, se admite con toda normalidad que los encargados de formar gobierno en sus respectivos territorios acepten un papel de segundones a la espera del resultado de los acuerdos de las direcciones de sus respectivas formaciones políticas. Hoy se tiene la sensación de que en determinados territorios existen dos delegaciones del gobierno central -el delegado oficial y el que preside la CA- o un presidente y candidato a presidente que ejerce de delegado de la dirección nacional del partido en el que milita.
Lo que estamos viendo estos días es el mayor ataque a las Comunidades Autónomas de los que se han intentado dar a lo largo de los cuarenta y ocho años de su historia. Para el PP debería ser más importante el prestigio de la España de las Autonomías que el gobiernes alguna de ellas. Vox siempre ha manifestado su rechazo de esa forma de gobernar el Estado. No es extraño, por tanto, que junto a sus intereses electorales se esconda su defensa de la España uniforme y centralista.
2.- El mismo día en que se hizo la luz en el intento del golpe de Estado del 23F, se apagaron las luces en la vida de su ejecutor, Antonio Tejero. ¿Casualidad? Quién lo sabe. ¿Será una sensación? Ha muerto alguien que fue guardia civil y que intentó un golpe de Estado. Tejero no representaba a un colectivo tan respetable y respetado como el benemérito cuerpo de la Guardia Civil. En consecuencia, no fue la Guardia Civil la que entró el 23 de febrero de 1981 en el Congreso de los Diputados y secuestró al Gobierno y a los representantes de la soberanía popular; fueron unas decenas de guardias que para nada contaban con las direcciones, mandos y guardias de ese colectivo.
3.- La negativa a presentarse como candidata al Congreso de los Diputados en las próximas elecciones generales de quien se postulaba para aunar a la izquierda de la izquierda la aproxima al otro político, Pablo Iglesias, que tuvo la misma intención, la misma proyección e idéntico fracaso, hasta tal punto que se puede tener la sensación de que intentar unir retales se ha convertido en un ejercicio de alto riesgo. ¡Aviso a navegantes!



