La advertencia que hizo un reputado analista político no llegó a plantearse. El PSOE de Extremadura no se tendrá que enfrentar al problema que hubiera surgido en el caso de que los socialistas hubieran ganado las elecciones autonómicas del pasado 21/D, y meses después, su candidato a presidente hubiera sido declarado culpable por la Audiencia Provincial de Badajoz, por los delitos de prevaricación y tráfico de influencia. Desapareció el problema. Lo que nadie sabe por el momento es si, pasado unos meses, esa misma Audiencia declarara inocente a Miguel Ángel Gallardo. Entonces no estaríamos ante un problema sino ante una tremenda injusticia. Resulta más fácil resolver un problema que convertirse en cómplice de una injusticia.

En los genes de algunos dirigentes políticos y de algunos medios de comunicación se mantiene el deseo de destrozar al adversario. No digo de ganarle, que resulta de lo más normal en un sistema democrático. Digo destrozarlo. En la campaña pasada no hubo piedad para Miguel Ángel Gallardo. Feijóo -que como Sánchez y Abascal- acudió varias veces a Extremadura declaró la culpabilidad de Gallardo, pendiente de juicio, echando por tierra su aparente defensa de la independencia de la Justicia.
En la campaña extremeña no hubo que esperar al juicio, pospuesto a mayo. Sencillamente todos los que opinaban se pasaban la máxima por donde podían de que todo el mundo es inocente mientras que no se demuestre su culpabilidad. Estaba condenado desde el principio. Y muchos deseaban que esa condena se confirmara con un resultado desastroso para el PSOE de Extremadura. Nadie ha querido examinar las razones por las que el PSOE perdió las elecciones del 21/D. La culpa se la atribuyeron al candidato. Si fuera eso cierto, a ver cómo se explica que ese mismo partido, que en las elecciones de 2019 obtuvo 34 diputados, uno más de la mayoría absoluta, cuatro años después, en las elecciones de 2023, perdiera seis diputados pasando a 28, empatando en escaños con el PP. No creo que esa brutal bajada se atribuyera a la presencia de un mal candidato. Guillermo Fernández Vara no lo era. Y, sin embargo, perdimos el gobierno de la Junta de Extremadura. Y no fue por la mejor o peor imagen del candidato a presidente. Fue por la enorme desafección que provocó en parte del electorado socialista las políticas incomprensibles del gobierno central. Pagaron justos por pecadores.
Y sospecho que en las del 21/D ha vuelto a ocurrir lo mismo. Se ha castigado a quien no tiene la menor culpa de lo que han hecho otros que estaban en el PSOE, pero que no eran del PSOE. No pueden ser del PSOE quienes decidieron tomar al asalto un partido en el que solo vieron una oportunidad de enriquecimiento y de satisfacer apetitos que jamás habrían podido cumplir sin el abuso del poder delegado. Ni por asomo esos fantasmas podía ser considerados militantes del partido de Pablo Iglesias, de Julián Besteiro, de Negrín, de Felipe González.
No parece justo que quienes militamos en el PSOE en Extremadura hayamos pagado la culpa de arribistas y oportunistas de todo pelaje, que acosaban sexualmente a sus compañeras, que parece que robaban a manos llenas. Ni Guillermo Fernández Vara ni quien firma estas líneas cometimos ninguna de las tropelías que cometieron otros. El PSOE de Extremadura era y es un partido limpio. Y todo lo que de nuevo existe en Extremadura lleva la marca PSOE.
Manos Unidas y Abogados cristianos diseñaron la estrategia y muchos, más de lo que se podía imaginar, la siguieron a pies juntillas. Partidos (incluidos militantes, votantes y simpatizantes del PSOE), medios de comunicación, comentaristas y tertulianos les hicieron el juego a la extrema derecha. La siguieron, tal vez, sin saber lo que hacían. Ella marcó el rumbo y se salió con la suya.
Yo esperaba que los extremeños hubieran trasladado al país el mensaje de que ellos sabían distinguir el grano de la paja. Que no pagaríamos culpas ajenas. Me equivoqué. Una larga tradición de decencia se ha ido por la borda de quienes no solo hundían el barco en el que navegaban, sino también la flotilla extremeña.
De nuevo seremos la alternativa. Y de nuevo volveremos a luchar por nuestras ideas.



