En los años que fueron del final de la guerra civil española al inicio de la democracia de 1978, el modelo de familia tuvo mucho que ver con la economía. El cabeza de familia (el padre) mantenía a su mujer y a sus hijos; en muchas ocasiones, familias numerosas: había un premio a la natalidad; se lo daban a familias con 14 o 15 hijos.
Es comprensible, y hasta se puede entender, que personas que no tienen la menor relación con las nuevas tecnologías de la información y del conocimiento piensen, a la manera tradicional, antigua y analógica, que lo que no se acredite con un título oficial no existe o, lo que es lo mismo, que quienes no cuelguen de la pared de su domicilio o despacho un título escolar o universitario ni saben nada ni valen para nada, tal y como sentenció la semana pasada la Sra. De Oriol, Presidenta del Círculo de Empresarios, quien en un arranque de elitismo dijo aquello de que “hay un millón de personas con cero cualificación y un salario mínimo, y te obligan a pagarles aunque no valgan para nada”.
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