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O enfermería o puerta grande

O enfermería o puerta grande / Rosell
O enfermería o puerta grande / Rosell

Los humanos somos seres de costumbres. Tendemos a seguir una vida monótona durante años. La hora a la que nos levantamos, el trabajo que hacemos, la gente con la que nos relacionamos. Usualmente entre semana siempre hacemos las mismas cosas y a veces, sin darnos cuenta, lo hacemos en un respectivo orden y horario. Cada día tenemos que realizar ciertas actividades y cada uno de nosotros sabe que hay que hacer y cuánto tiempo nos llevará, de acuerdo a esto nos organizamos y volvemos a repetir la misma rutina todos los días. Así es como llegamos al momento en el que todo lo nuestro se convierte en habitual, monótono y conocido.

¡Ay, qué risa, María Luisa!

Pablo Iglesias (EFE)Carlos IV fue uno de los reyes más nefastos que tuvo España. Su padre, el rey Carlos III, llegó a decirle en cierta ocasión: «Pero qué tonto eres, hijo mío». Casado que fue con una prima suya, María Luisa de Parma, dejó que fuera su mujer la que se ocupara de la gobernación de España.

El error de confundir las preposiciones

Los líderes regionales del PSOE con Pedro Sánchez (EFE)En la lengua castellana, la preposición es una palabra que relaciona los elementos de una oración. Las preposiciones pueden indicar origen, procedencia, destino, dirección, lugar, medio, punto de partida, motivo, etc. En consecuencia, no tienen el mismo significado las expresiones que vayan acompañadas de una u otra preposición, aunque a veces confundamos el empleo de una u otra cuando queremos decir algo. Es corriente escuchar en determinadas regiones de España la expresión «Contra más aprieto, menos abarco», utilizando la preposición contra, en lugar de cuanto. Lo mismo se puede decir de la preposición desde, que se utiliza en lugar de con cuando se dice: «Esto lo sé desde mi experiencia». En «Tomo estas gotas para la fiebre» se utiliza la preposición para cuando el uso correcto sería contra.

Cumplir las promesas de la campaña

Siempre que pasa lo mismo, se dice lo mismo, sin que exista la más mínima garantía de que se van a cumplir las premoniciones. Cuando, después del 20-D, los partidos del arco parlamentario no fueron capaces de llegar a un acuerdo para formar un Gobierno, los más avispados de entre nosotros auguraban una amplia abstención si se volvían a convocar nuevas elecciones; se aventuraba que los responsables de conducir al país a un nuevo proceso electoral lo pagarían caro en las urnas. No pasó ni una cosa ni otra. Los españoles volvimos a votar el pasado 26 de junio con un porcentaje de participación parecido al que acudió a votar en las elecciones de seis meses atrás. PSOE y Ciudadanos, ante la inacción de Rajoy, intentaron formar un Gobierno que sólo exigía la abstención del PP o de Podemos. Podemos se quedó como estaba en las últimas elecciones, y PP ganó diecisiete escaños. Nada de lo que se predijo ocurrió.

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