Llenas de llagas

Puede ser que los diputados y senadores hayan estado entrenando sus aplausos para que, cuando un papa decidiera acudir al Congreso de los Diputados, pudieran aplaudir durante siete largos minutos. No crean que resulta fácil conseguir esa marca. Las manos duelen, los brazos se cansan y las piernas flojean, y más si estás atrapado entre tu escaño, el vecino y el senador que incrusta entre ambos.