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La única forma de ser patriotas

No quieren mirarse en otros espejos que no los elogien, los mimen y los aplaudan. Y, por esa razón, tratan de romperlos

Foto de archivo de Juan Carlos I y Adolfo Suárez. Europa Press
Foto de archivo de Juan Carlos I y Adolfo Suárez. Europa Press

La guerra civil de 1936 la ganó Franco. De eso no cabe la menor duda. Para aquellos que dudan, les recuerdo los 40 años de dictadura franquista. La victoria franquista duró hasta que el dictador murió en la cama de un hospital rodeado de médicos y familiares. No le sucedió en el poder quien tenía todos los números para seguir actuando como Jefe del Estado dictatorial franquista. La banda terrorista ETA acabó con la vida del almirante Carrero Blanco en un atentado en diciembre de 1973. Por lo tanto, tratar de cambiar la historia para que ganen la guerra los nietos de los que la perdieron o de matar al que falleció hace 46 años  es un infantilismo que no conduce más que al engaño o a la frustración.

Centralismo madrileño

En Madrid seguirá existiendo la democracia cualquiera que sea el resultado. En Cataluña volverá a desaparecer el pluralismo político

La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata a la reelección, Isabel Díaz Ayuso. Europa Press
La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata a la reelección, Isabel Díaz Ayuso. Europa Press

Estamos viviendo en una España absolutamente descentralizada, de los países más descentralizados del mundo pero, sin embargo, económica y políticamente seguimos con un centralismo feroz. El centralismo madrileño le ha ganado la batalla cultural al centralismo catalán que se llevaba la palma antes de que el independentismo arruinara el buque insignia que era Cataluña. Es una verdad incuestionable afirmar que todo lo que no esté en Madrid no existe y ésa es la experiencia que tenemos acumulada a lo largo de estos años. Siempre ha sido así y, seguramente, siempre será así.

Sicarios y obnubilados

Que se sepa, todavía nadie ha pedido perdón por haber emitido su voto a favor de esa ley que algunos se niegan a cumplir

Imagen de Pablo Hasel dentro de la cárcel de Lleida publicada por el diputado de la CUP en el Congreso Albert Botran. Europa Press
Imagen de Pablo Hasel dentro de la cárcel de Lleida publicada por el diputado de la CUP en el Congreso Albert Botran. Europa Press

“Somos conscientes de que, si dejamos que Pablo Hasel sea encarcelado, mañana pueden ir a por cualquiera de nosotros, así hasta conseguir acallar cualquier suspiro disidente”. Así comenzaba un comunicado firmado por 200 personas del ámbito cultural.  Se entiende que el mundo de la cultura se solidarice con quienes puedan ser perseguidos por disentir; la libertad solo puede recibir ese nombre cuando la puede ejercer el disidente; de lo contrario estaremos hablando de regímenes autoritarios o dictatoriales, donde la libertad solo cabe si se juega únicamente en el campo de juego de la dictadura. Lo que no tiene sentido es que personas a las que admiramos por tantas cosas que hicieron y hacen en el ámbito cultural consideren un disentimiento lo que es una manifestación de invitación al asesinato.

Lo peor de la vieja política

¿Por qué nunca se dice que alguien representa lo mejor de la vieja política?

Pedro Sánchez y Pablo Casado en La Moncloa Europa Press
Pedro Sánchez y Pablo Casado en La Moncloa Europa Press

En ocasiones el lenguaje político encuentra expresiones que hacen fortuna e incansablemente se repiten en cualquier foro, vengan o no a cuento. La última que se ha puesto de moda es la que se lanza contra el adversario al que se acusa de “representar lo peor de la vieja política”. Con motivo de la moción de censura en Murcia, esa frase se ha repetido hasta la saciedad sin que se tengan noticias de que quienes la pronuncian sepan exactamente qué están diciendo. Se suelta eso de “lo peor de la vieja política” y nunca se aclara qué es lo peor y qué es la vieja política. Si se acota la vieja política es porque se sabe cuándo empezó y cuándo terminó. ¿A qué se refieren quienes hablan de la vieja política? ¿De qué época hablan? ¿En qué año comenzó y en qué año concluyó? ¿Creen quienes pronuncian la frase hecha, manida y estereotipada que la política, como la vida o como la historia, nace y muere y vuelve a nacer y vuelve a morir sin que existan precedentes? ¿Creen esos oradores de la nada que puede existir un presente sin que exista un pasado? ¿Y saben, acaso, que todo presente está inyectado de pasado?

¿Cómo piensan pasar a la historia?

«Los actuales dirigentes de las formaciones que apoyan la Constitución española tienen que decirnos ya al resto de los españoles cuál va ser el papel por el que quieren pasar a la historia»

¿Qué es un relator? ¿Quién es el relator? No me interesa tanto saber quiénes son ellos como saber quiénes somos nosotros. Y en ese nosotros incluyo a los partidos constitucionalistas, tanto los que votamos la Constitución (PSOE) como los que se abstuvieron (PP) o no la votaron porque no existían como partido en 1978 (Cs). Y ese nosotros enfrenta un conflicto que promete acabar con la Constitución y, por tanto, con la democracia, salvo que seamos capaces de ganarles desde la legalidad constitucional y desde la lealtad democrática. Ese conflicto no es otro que el proceso secesionista que si no fuera por la tragedia que está generando en Cataluña podríamos equipararlo al proceso de Kafka por la cantidad de dislates que lo acompañan.

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