Nunca se vio charla tan intensa en tan poco tiempo

De izquierda a derecha, Obama con Sánchez, Iglesias y Rivera, el pasado domingo. Fuente: The White House
Cuando llegan las Navidades, junto a los escaparates nevados y las calles iluminadas de los centros urbanos, las dos imágenes que mejor reflejan la ilusión y la inocencia son el anuncio televisivo de la Lotería Nacional y los niños entregando la carta a SS.MM. los Reyes Magos de Oriente antes del día de la Cabalgata. Pasadas las fiestas, vuelves a caer en la cuenta de que la ilusión se torna resignación, de que la suerte es patrimonio de unos pocos y de que la inocencia es la cualidad que acompaña a los niños hasta que les llega la adolescencia.

Cumplir las promesas de la campaña

Siempre que pasa lo mismo, se dice lo mismo, sin que exista la más mínima garantía de que se van a cumplir las premoniciones. Cuando, después del 20-D, los partidos del arco parlamentario no fueron capaces de llegar a un acuerdo para formar un Gobierno, los más avispados de entre nosotros auguraban una amplia abstención si se volvían a convocar nuevas elecciones; se aventuraba que los responsables de conducir al país a un nuevo proceso electoral lo pagarían caro en las urnas. No pasó ni una cosa ni otra. Los españoles volvimos a votar el pasado 26 de junio con un porcentaje de participación parecido al que acudió a votar en las elecciones de seis meses atrás. PSOE y Ciudadanos, ante la inacción de Rajoy, intentaron formar un Gobierno que sólo exigía la abstención del PP o de Podemos. Podemos se quedó como estaba en las últimas elecciones, y PP ganó diecisiete escaños. Nada de lo que se predijo ocurrió.

Cumplir lo prometido o cambiar de caballo

Pedro Sánchez y César Luena
«¿Pero los socialistas se abstendrían o tendremos que ir a unas terceras elecciones?». Esta es la pregunta que, con cierto enfado, realizaba el director-presentador del programa La Noche en 24 horas a un senador del PSOE el pasado 28 de junio. No vi el mismo enojo cuando PP y Podemos votaron en contra de la propuesta de investidura que realizaron PSOE y Ciudadanos, tras las elecciones del pasado 20 de diciembre; la abstención de cualquiera de los dos hubiera evitado la celebración de unas segundas elecciones. Parece ser que para el presentador de La Noche era tolerable que se celebraran dos elecciones seguidas, pero le resulta infumable la celebración de una tercera. Y por ese falaz razonamiento, el PSOE debería estar obligado a facilitar el Gobierno del PP.

Nunca, Anguita, nunca

Iglesias y Anguita
Cualquiera diría que el interés máximo de las empresas demoscópicas que realizan sondeos electorales y de opinión en España fue el de poder contratar con un emporio de tanto prestigio mundial como Microsoft. De todos es sabido que la empresa que fundó Bill Gates sólo contrata con personas o compañías que hayan tenido un mínimo de dos fracasos a lo largo de su vida profesional. Si a más errores, mayores posibilidades de entrar en la órbita de la compañía norteamericana, las demoscópicas españolas tienen un futuro asegurado en California, porque llevan varias elecciones errando en sus previsiones sin que los directivos de las mismas pidan disculpas a los españoles por semejante fraude, y sin que los dueños de esas empresas exijan responsabilidades y dimisiones a cuantos se encargaron, desde su soberbia intelectual, de tratar de conducir el voto de los electores por el camino que ellos deseaban en función del interés de quienes pagaban la realización de los sondeos. Pues de ninguna otra manera puede explicarse semejante fiasco. O no sirven para el oficio que eligieron o se han convertido en los manigeros que camuflaban la realidad en función de los intereses de sus clientes.

Carniceros de toros bravos

Es raro escuchar en cualquier feria de cualquier pueblo o ciudad que programe corridas de toros o novilladas el nombre de los toros que van a ser lidiados y matados en los cosos taurinos. Lo habitual es que se publicite y se transmita de boca a oído el nombre de los toreros, novilleros o rejoneadores que van a intervenir en esos espectáculos taurinos. En una corrida donde vaya a torear José Tomás, o El Juli, o Talavante, o Perera, o Ponce, los aficionados no dicen que esa tarde van a ver al toro de nombre Media Luna o Bastoncito. A veces, al final de la corrida, el nombre de un toro vuela por los mentideros, bien porque ha dado la vuelta al ruedo, bien porque fue indultado debido a su fiereza, bravío y embiste, bien porque acabó con la vida del torero al que cogió en una de las muchas oportunidades que tuvo el toro en su mano a mano con el torero. Ejemplos de esas circunstancias las ha habido en esta temporada y las seguirá habiendo mientras el toro y el torero se enfrenten en una plaza para continuar con la tradición. Paquirri o el Yiyo son sólo dos de los ejemplos que se pueden poner de lo dicho y de lo caro que sale en algunas ocasiones la lucha contra el toro.

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