Podemos

Ética laxa

Estoy en contra de ese código que trajo la “nueva política” y por eso estoy con los que defienden la no dimisión de alguien que solo está siendo investigado

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, y la vicepresidenta y consejera de Políticas Inclusivas de la Generalitat, Mónica Oltra

Supongamos que sea cierto. Supongamos que damos por buena la defensa de su conducta que hace Mónica Oltra, vicepresidenta del gobierno de la Comunidad Autónoma de Valencia. Aceptemos que su imputación es consecuencia de un complot urdido por la extrema derecha, por la fiscalía valenciana, por el Tribunal Superior de Valencia, por determinada prensa que le tienen ganas, por una menor que nunca fue víctima por agresión sexual de quien fue marido de la imputada. Supongamos que todas esas cosas y algunas otras que se nos escapen han puesto en el disparadero a una política decente. Supuesto todo eso, se demostraría lo sencillo que resulta truncar la carrera de cualquier político. Bastaría una denuncia de alguien contra un cargo público, un fiscal que acuse y un juez que abra una investigación y ¡se acabó!

Si Yolanda ganara España, ¿quién la pierde?

Como yo no tengo intención de convertirme en un apátrida, tendré que hacer todo lo posible para que la señora Díaz no se quede con mi país

La vicepresidenta segunda y líder de Unidas Podemos en el Gobierno, Yolanda Díaz

Al parecer, Yolanda Díaz ha hecho caso de quienes decimos con frecuencia que una propuesta política no puede comenzar con el nombre del protagonista (¿quién?), seguir con qué se piensa hacer (¿qué?) y terminar con el para qué (¿para qué?). La lógica indica que el camino es el contrario: Para qué se quiere gobernar, qué se quiere hacer y quién lo hará. La vicepresidenta segunda del Gobierno ha hecho una propuesta que comienza bien: Para qué quiere gobernar. “Está dispuesta a dar un paso para ganar España”. Yolanda Díaz quiere dar un paso para ganar España. El problema con el que nos encontramos es que ya sabemos para qué quiere dar un paso, pero no sabemos – por lo menos yo- en qué consiste “ganar España”.

El vidente Biden

Aquí hay algunos que no ven al Putin asesino que vio Biden. Ellos ven bien el sillón ministerial y por eso defienden su estatus antes que su conciencia

Joe Biden
Joe Biden

Creo que el actual presidente de EEUU ganó las elecciones presidenciales por dos razones. La primera, porque tenía en frente a un candidato en ejercicio de presidente que hizo todo lo que pudo para perderlas. Su éxito anterior se basó en combatir con mentiras a su opositora, la senadora Hillary Clinton que, además de mujer, partía con la desventaja de ser la mujer del otrora presidente Bill Clinton. En EEUU se pudo comprobar que se tienen más posibilidades por ser negro que por ser mujer. Barak Obama, que no era blanco, consiguió la presidencia y la revalidó con un segundo mandato. Tal vez su política posibilitó que millones de norteamericanos se sintieran huérfanos de representación si no pertenecían a cualquiera de las muchas minorías en las que Obama segregó su discurso y su política. Gracias al discurso hacia las minorías, un populista como Donald Trump consiguió arrastrar el voto del americano medio que se consideraba solo americano sin marcas que lo distinguiera de sus compatriotas.

Arrepentidos los quiere Dios

Yolanda Díaz se propone crear una plataforma que no será ni de derechas ni de izquierdas. Eso está más visto que el TBO

Yolanda Díaz entrega al Papa Francisco una estola litúrgica.
Yolanda Díaz entrega al Papa Francisco una estola litúrgica.

Se supone que Yolanda Díaz aspira a crear una plataforma que reúna las siguientes condiciones:

Si Colau quiere dinero, que lo pida a la banca

Si Colau quiere dinero, que lo pida a la banca / Rosell
Si Colau quiere dinero, que lo pida a la banca / Rosell

El diputado canario, Alberto Rodríguez, procedente de las filas de Podemos, resultó condenado por pegar una patada a un policía. Independientemente de lo justo o injusto de la sentencia judicial por la que ha sido condenado a cinco meses de cárcel eludible con el pago de una multa, el diputado ha sido obligado a abandonar su escaño por inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo. El alboroto producido no ha sido por la condena de cárcel que, tras pagar la multa, el diputado parece haber aceptado, sino por la interpretación que la presidenta del Congreso ha dado a la sentencia, obligando al diputado a dejar su escaño.

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