No es fácil, pero se puede
Es costumbre en la democracia española, cuando se acercan las elecciones, poner el acento en el nombre de los candidatos antes que en los partidos políticos. De todos (o de casi todos) es sabido que no somos los electores los que elegimos al presidente del Gobierno. Son los diputados, reunidos en el Congreso, los encargados de designar para ese cargo a la persona capaz de aglutinar alrededor suyo un mínimo de 176 votos en la primera votación o a más votos a favor que en contra en la segunda. Elegimos parlamentarios cada vez que se convocan elecciones generales al Congreso y al Senado. Y son ellos los que en nuestro nombre y como representantes de la soberanía nacional se encargan de articular todas y cada una de las funciones que tienen encomendadas por la Constitución Española y por el Reglamento del Congreso y del Senado.
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