primarias

Me estoy volviendo loco

Foto: EFE

Algunos militantes dijeron que se sintieron avergonzados por el espectáculo que dieron los dirigentes socialistas en el Comité Federal del mes de octubre pasado. Ya se sabe que allí se provocó la dimisión del anterior secretario general federal, Pedro Sánchez, y se constituyó una Comisión Gestora que respondía en su composición a la mayoría de los miembros del Comité Federal, es decir, de todos aquellos que eran contrarios a la estrategia política que quería desarrollar el dimisionario secretario general y el equipo que le acompañó hasta que le abandonaron cuando vieron que se árbol ya no daba ni cobijo ni sombra.

¿Qué quiere pintar el PSOE?

¿Qué quiere pintar el PSOE?Manuel Valls decidió presentar su candidatura a la presidencia de la República Francesa por el Partido Socialista. Dicho partido celebrará sus primarias en dos vueltas, el 22 y el 29 de enero, con al menos siete candidatos. Solo el anuncio de Valls le permitió colocarse como favorito en la carrera de los socialistas al Palacio del Elíseo. Al parecer, en las preferencias, le sigue el ex ministro de Economía Arnaud Monteburg. Todavía es pronto para descartar a otros candidatos como la senadora de París Marie Noëlle Lienemann o el exministro de Economía Benoît Hamon. A ellos se unirán en la disputa Gérard Filoche, dirigente del Partido Socialista; Jean-Luc Bennahmias, integrante del Frente Demócrata, y el ecologista François de Rugy.

¿Hay alguien que defienda las primarias?

Primarias en el PSOE. (EFE)
En la página 112 del documento base de la Conferencia Política que el PSOE celebró en noviembre de 2013 se puede leer:

«Entendemos que las primarias abiertas, además de un claro elemento de profundización en la democracia interna del partido, son una ventana de oportunidad para ampliar la base social del PSOE, al abrir la participación en estos procesos a sectores sociales progresistas que de otra manera no participarían en la vida política y orgánica del partido».

No hay manera de rebatir esa afirmación, por lo que quienes estamos en contra de esa forma de elección del candidato socialista a la Presidencia del Gobierno o a la Secretaría General, estamos remando a contracorriente y tenemos perdida la partida. Oponerse a la participación democrática en cualquier proceso electoral lleva aparejado el calificativo de aparatero y antiguo.

Certezas y paradojas

No pretendo con este escrito convencer a nadie de nada. Compartir certezas y dudas se me antoja necesario en este complicado momento en el que vivimos. Nadie sabe, por ejemplo, si es cierto que un gobierno cuyo presidente fue la consecuencia de un parlamento surgido de unas elecciones, debe rendir cuentas o no de su acción de gobierno ante otro parlamento, consecuencia de otras elecciones posteriores.

De lo que no cabe la menor duda -y ahí va mi primera certeza- es de que es el Parlamento, y no los ciudadanos, el que elige al presidente de un gobierno en un sistema parlamentario como el que diseña nuestra Constitución, a diferencia de lo que ocurre en los sistemas presidencialistas. Resulta paradójico y contradictorio que, para demostrar el nivel de democracia en el funcionamiento interno de un partido, la prueba del nueve sea la de elegir o no a su candidato a presidente del Gobierno, alcalde o presidente de comunidad autónoma por el procedimiento de primarias.

Menos mal que no había democracia interna

Por lo visto y oído, la Transición trajo la democracia, la libertad, la Constitución y, además, la falta de democracia interna en los partidos políticos. Según escribió el sociólogo César Molinas en El País el pasado domingo 19 de julio, «la autorregulación y opacidad de los partidos políticos en España no tiene parangón en Europa. Sus raíces se remontan a la Transición, período histórico en el que hubo mucha preocupación por la estabilidad de la joven democracia. Para asegurar esa estabilidad, se optó por dar a las cúpulas dirigentes de los partidos un poder muy grande sujeto a muy poco control por las bases militantes». Es decir, la estabilidad de la naciente democracia era inversamente proporcional a la democracia en el seno de los partidos; a más estabilidad democrática, menos democracia interna partidaria y más poder omnímodo para sus dirigentes.

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