vivienda

A través de un voto

No sé qué pasará el próximo 29 de noviembre cuando, de nuevo, los españoles podamos volver a depositar nuestro voto a favor de cualquiera de las candidaturas que se presenten para conformar el nuevo parlamento español. Un mal gobierno es la consecuencia de la abstención del no voto de los buenos ciudadanos. Solo sé que pasada esa fecha, el problema de la falta de vivienda para quienes necesitan un techo para organizar su proyecto vital seguirá vivo y, tal vez, peor que cuando se convocaron las elecciones o cuando se acampó en la Puerta del Sol y en otras plazas de España.

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El acuerdo frente al insulto

De nuevo, la vivienda ha vuelto a calentar el ánimo de tantos ciudadanos que no pueden acceder a una de ellas para poder iniciar un modelo de vida autónomo. Desgraciadamente la vivienda no se contempla en la Constitución española como un derecho fundamental y, en consecuencia, poder ser requerido su cumplimiento por parte de las Administraciones competentes en la materia. La educación sí es un derecho fundamental protegido en esa Constitución. Se puede vivir sin educación, pero no se puede vivir sin un techo que te proteja.

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Luchar por algo

En los años que fueron del final de la guerra civil española al inicio de la democracia de 1978, el modelo de familia tuvo mucho que ver con la economía. El cabeza de familia (el padre) mantenía a su mujer y a sus hijos; en muchas ocasiones, familias numerosas: había un premio a la natalidad; se lo daban a familias con 14 o 15 hijos.

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