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Los indios de la nación

En el siglo XVIII, Francisco Gregorio de Salas escribió la conocida décima dedicada a Extremadura que comienza con “Espíritu desunido/anima a los extremeños” y concluye con el verso que calificaba a los extremeños de aquel siglo como “los indios de la nación”.

En pleno siglo XXI, el tren que salía y llegaba a Extremadura sufría incidencias sin límites, sin que las averías, paradas o suspensiones provocaran heridos o muertes en el pasaje. Ese espectáculo hizo creer al resto de los españoles que los extremeños seguíamos siendo “los indios de la nación”. No había periodista, comentarista o ciudadano de fuera de Extremadura que no se apuntara al cachondeo cuando se trataba de hablar de mi tierra extremeña. El ja, ja, ja  y el ji, ji, ji hacían las delicias de quienes se sentían bien tratados por el servicio ferroviario. Alardeaban de lo rápido que ellos viajaban frente a la lentitud de los “indios de la nación”.

¿Cuánto creen que vale nuestra imagen?

Quienes se escandalizan por la situación actual de Extremadura es porque continúan sumidos en la ignorancia de lo que ha sido el pasado de esta tierra. Desconocen de dónde venimos y desde cuando arrastrábamos una situación de abandono, emigración y desesperanza. Cuando se dice que somos la última región de España, además de mentir, nunca se preguntan cuándo fuimos los primeros o los quintos o los decimo terceros… Cuando se critica nuestra posición nunca añaden su fórmula para indicar qué teníamos que haber hecho las dos generaciones que hemos protagonizado esta etapa autonómica para haber salido del sitio que heredamos, y qué deberían de haber dejado hacer el resto de las regiones que nos llevaban decenas de años de ventaja para que hubiéramos podido adelantarlos.

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