independentismo

¿Investiduras?

Pedro Sánchez, en el Senado

Mucho se especula sobre si son muchos o pocos los que se sienten desacoplados en un PSOE que para ellos ha supuesto la entrega de buena parte de sus vidas. Seguramente, como es mi caso, algunos habrá que añoren el PSOE de antes de la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero y de Pedro Sánchez. Ambos son la consecuencia de una decisión adoptada en el Congreso Federal celebrado en Sevilla que alteró significativamente la forma de elección de los dirigentes orgánicos e institucionales en el centenario partido socialista.

Ignorancia o falta de fósforo

He escuchado decir en algunos programas de medios de comunicación que el actual modelo de financiación autonómica no lo quiso nadie. La memoria es frágil, pero Internet sigue ahí para refrescarla con un par de búsquedas que no llevan más de un minuto. Si lo hicieran, recordarían que la vigente en estos momentos fue aprobada en el Consejo de Política Fiscal y Financiera por Asturias, Aragón, Extremadura, Castilla-La Mancha, Andalucía, Baleares, Canarias, Cantabria, Ceuta y Cataluña. El resto de regiones se abstuvieron. Nadie estuvo en contra y, a la salida de la reunión, la prensa de aquel día se hacía eco de las declaraciones de los responsables de Hacienda de Cataluña y de Andalucía. El conseller de Economía, Antoni Castells, defendió en su intervención en el CPFF que el nuevo sistema no sólo es bueno para Cataluña, sino que también lo es para el conjunto de España. Castells celebró que “por fin se haya podido llegar a este momento”, tras un “largo” y “difícil” proceso de negociaciones, y valoró el acuerdo porque con él se cumple estrictamente el Estatuto de Cataluña y por el hecho de que se produzca un cambio de modelo y no un mero retoque de sistemas anteriores. El nuevo modelo “colma las expectativas” de Andalucía, según la consejera Carmen Martínez Aguayo, que destacó que el nuevo modelo es “plenamente coherente”. “Nos da una importante cantidad de recursos”.

Despejando dudas

No hay diálogo posible ni nada que negociar con el Independentismo. O Constitución o República Catalana Independiente

Manifestación independentista en Barcelona celebrada en 2019 Europa Press

Una de las cosas que ocurren, y que más preocupan, es la ruptura de la fórmula que finalmente se reflejó en la Constitución sobre la realidad de España. El texto constitucional trató de conciliar los puntos de vista del regionalismo conservador, de los nacionalismos periféricos, de la tradición federalista de la izquierda española, y del nacionalismo español o de las visiones unitaristas. Visiones todas ellas que respondían a realidades sociales y políticas firmemente enraizadas en nuestro pasado común.

Alguien no dice la verdad

Alguien no dice la verdad / Rosell

Supongamos que toda la literatura que ha adornado la presentación de una proposición de ley por el Grupo Parlamentario Socialista y por el de Unidas Podemos es cierta. Supongamos que la eliminación del delito de sedición no es una estratagema para librar de castigo severo a quienes desafiaron a la Constitución y a los ciudadanos que la aprobamos, con sus leyes de desconexión de la Carta Magna, incluido todo el cuerpo legislativo que el Parlamento catalán fue elaborando desde 1979, fecha de entrada de su Estatuto de Autonomía. Supongamos que el PP no acertó en su política territorial y ese desacierto llevó a los independentistas catalanes a proclamar la República Independiente de Cataluña. Supongamos que Puigdemont, que entonces era presidente de la Generalitat, huyó porque estaba seguro de que la proclamación que hizo de la independencia catalana fue solo un aviso a navegantes que duró algo menos de un minuto. Supongamos que la Mesa entre el Gobierno de España y el Gobierno catalán está sirviendo para aplacar el ánimo independentista de los independentistas. Y supongamos que cuando quede aprobada la reforma del Código Penal, la convivencia de Cataluña con el resto de España mejorará y nos veremos libres de la amenaza de secesión.

Si se pierde territorio, se pierde libertad

Destruir la Constitución que nos protege nos hace menos libres. Podríamos vivir sin Cataluña, pero no podemos ni queremos vivir sin libertad

Pere Aragonés, presidente de la Generalitat junto a Oriol Junqueras, líder de ERC

La nacionalidad, en este caso la española, es algo que se adquiere con el nacimiento y la inscripción en el Registro. Puesto que no se trata de un sacramento, debemos concluir que la nacionalidad española no imprime carácter, de donde se infiere que aquellos que no la quieran deberían pedir su renuncia a ella de manera individualizada, sin pretender arrastrar a todo un pueblo a esa renuncia. En caso contrario se entenderá que se quiere ser español. ¡Como se quiera!; ¡Con las diferencias que se quieran!, incluido el ser español no practicante. Y los españoles, por muy diferentes que seamos, somos todos iguales ante las leyes. O español o no español, ésta es la cuestión.

Scroll al inicio