Si no son socialistas ¿qué son?

Ya nos equivocamos en 1977 cuando la ley de amnistía sacó de la cárcel a todos los etarras y miembros del Grapo que creímos antifranquistas

Manifestación Abertzale en Bilbao impulsada por Bildu. EP

Oigo en algunas ocasiones –la última al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez,- hablar de una izquierda no socialista. Ser no socialista no es una definición. Yo no soy hombre porque no sea una mujer ni soy blanco porque no soy negro. Cuando en el debate político se niega la condición de socialista a algunas izquierdas cabe preguntarse: ¿Si la izquierda no es socialista, qué es? Ya no mola ser comunista, ni marxista, ni leninista, ni eurocomunista, ni maoísta, ni anarquista. Si no son socialistas y no son comunistas, marxistas, leninistas, eurocomunistas, maoístas, anarquistas, bolivarianos, castristas, chavistas, entonces, ¿qué son?

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Dudas y certezas

A sociedades amorfas y melifluas, corresponden políticos amorfos y desunidos

El pleno del Congreso de los Diputados tras la comparecencia del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski

Escribo con dudas y con algunas certezas. Y lo hago desde la más absoluta libertad. Estoy en la sobremesa de la vida. Ya pasó la comida y llegó el tiempo de la charla, el comentario, el diálogo con quien quiera hablar, aprender, enseñar, contrastar. Frente a los que piensan que quienes hemos estado en la política activa debemos callarnos, mantengo que, si bien hay una edad reglamentaria para jubilarse laboralmente, no existe una edad para jubilarse de la defensa de las propias convicciones y del intento de querer influir en la sociedad para que no nos precipitemos en el vacío de la incomprensión o la intolerancia. No existe eutanasia política que elimine por motivos de trienios a las personas de sus compromisos con la verdad y con la libertad.

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Españolista

En ningún caso puede afirmarse en serio que España haya sido o sea un Estado multi o plurinacional; otra cosa es que algunos lo pretendan

Manifestación constitucionalista en Barcelona. Europa Press

Manifestación constitucionalista en Barcelona. Europa Press

Me siento ciudadano español porque una Constitución, la española, me devolvió, y nos devolvió a todos, los derechos de ciudadanía que nos habían sido arrebatados violentamente. Y en base a esa Constitución que me da derechos de ciudadanía quiero decir lo que pienso sobre la cuestión nacional que tanto me ocupa y preocupa como español y demócrata.

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La mentira del plurinacionalismo

La mentira del plurinacionalismoNadie puede obligarme a creer en lo que no creo. Y mucho menos a defender aquello que me parece contrario a mis principios. Soy militante socialista y, por lo tanto, defensor de un proyecto político que se ampara en la libertad, la democracia y la igualdad. En consecuencia, no se puede ser nacionalista y de izquierdas. Son muchos los que sacan a pasear su orgullo por sentirse ciudadanos de tal o cual territorio. Nadie elige el sitio para nacer; nadie, en consecuencia, puede sentirse orgulloso de aquello en lo que no colaboró mínimamente para conseguirlo. Sí es cierto que si se nace en España, en Alemania, en Suecia o en Francia, se tienen posibilidades en el plano familiar, educacional, sanitario, religioso, etc., que no se tienen si ese nacimiento se lleva a cabo en Etiopía o en cualquiera de los países donde la libertad brilla por su ausencia y la miseria acompaña a la mayoría de los habitantes de esos territorios para el resto de sus vidas. Si la izquierda defiende que todos los seres humanos, por el mero hecho de serlo, tienen que tener las mismas oportunidades independientemente de la familia en la que te tocó nacer, no se entiende que algunos, que se autocalifican de izquierdas, defiendan las fronteras para establecer diferencias entre unos ciudadanos y otros. Un nacionalista entiende que si has nacido en un territorio determinado, tienes derechos que les están vetados a otros que no nacieron en el mismo sitio. Un nacionalista catalán piensa que un andaluz o un extremeño poseen menos recursos que los catalanes porque son menos inteligentes, más vagos o menos preparados para el trabajo. Un militante de izquierdas sabe que las diferencias entre ciudadanos no vienen marcadas por su tipología sino por las fronteras que arbitrariamente se han establecido a lo largo de la historia. Sigue leyendo

Granada no existe

Firmantes de la "Declaración de Granada". EFE
Participé durante bastantes años en un organismo que comenzó a existir en los tiempos en los que José Luis Rodríguez Zapatero ocupó la Secretaría General del PSOE. Antes no existía el Consejo Territorial, que es el nombre que recibió la reunión que, un par de veces al año, celebraba el secretario general federal con los secretarios generales regionales y los presidentes de las Comunidades Autónomas gobernadas por socialistas.
En ocasiones participaban miembros de la Comisión Ejecutiva Federal o el presidente de los alcaldes españoles si esa responsabilidad recaía en algún edil socialista. Se trataba de reflexionar, opinar y aunar criterios en aquellas materias que, por su complejidad requerían de las exigencias y de las cesiones de todos los que constituían en el entramado de poder institucional del PSOE. Sigue leyendo

Oferta y contraoferta

Para los nacionalistas, y también para algunos que no se definen así, la solidaridad que, por ejemplo, se ejerce a través del impuesto sobre la renta, o en general a través del sistema fiscal, es vista no como una solidaridad que se ejerce entre unos ciudadanos con otros, sino entre unos territorios y otros. No habría, en esa visión, un nexo directo entre los españoles.
La adscripción del ciudadano, así como el ejercicio de la solidaridad como expresión de esa adscripción, sería la región o la nacionalidad. Y sería ésta, en bloque, la que destinaría, de grado o por imposición del poder superior, una parte de sus recursos globales a la solidaridad con otras regiones, igual que en los Presupuestos Generales del Estado se destina una partida a la ayuda a los países subdesarrollados. Sigue leyendo