Sangre, sudor y paz

La última vez que me desplacé al País Vasco fue para dar mi último adiós a un vasco valiente, demócrata y leal con su país, España, y con su terruño, Euskadi. En otras ocasiones anteriores acudí a Baracaldo, a Bilbao, a Santurce, a Lasarte, a Ordicia, a Vitoria, a San Sebastián, a Rentería… ya fuera para asistir a actos electorales o a entierros y funerales de ciudadanos que habían sido asesinadlos por ETA. En una de las ocasiones asistí al funeral de un policía nacional extremeño, Pablo Sánchez César, de 25 años de edad, al que ETA asesinó en la estación de ferrocarril de un pueblo guipuzcoano, Urnieta, el 16 de septiembre de 1983.
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