¿A qué se espera?

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En el momento de escribir estas líneas, el parlamento catalán ha aprobado una propuesta de desconexión con España, la campaña electoral para las elecciones generales del 20 de diciembre está en sus prolegómenos y tres mujeres más (casi 800 desde 2003 hasta hoy) han sido asesinadas por hombres.
Y hombres, solo hombres, encabezan las candidaturas de los principales partidos (PP, PSOE, CIUDADANOS, PODEMOS, IU, UPyD de ámbito nacional). Y un hombre, solo un hombre que iba el cuarto en la lista electoral del Junts pel Sí, por debajo de dos mujeres, se considera a sí mismo indispensable para romper el cordón umbilical que une a Cataluña con el resto de España. Todos ellos hablarán de la violencia de género y de la virtuosidad de las mujeres en política, pero ninguno de ellos considerará que si dieran un paso atrás, y una mujer ocupara la próxima presidencia del gobierno de España, probablemente sabrían mejor que los hombres como atacar el asesinato constante y continuo de sus congéneres. Y saben, mejor que los hombres, que romper cordones umbilicales produce llanto y frío, mucho frío.
No lo hará ninguno porque, si bien, cantarán las excelencias femeninas, ellos van los números uno porque se consideran mejores que las que vayan en números 2.
Año 2007, 71 mujeres asesinadas por violencia machista; año 2008, fueron 84; 68 lo fueron en 2009, algo menos que en 2010, cuando la cifra de muertas ascendió a 85; en 2011, los machos de la piara asesinaron a 67 y a 57 en 2012, la misma cifra que en 2013 y dos menos que en 2014. Estamos en agosto de 2015 y ya son 29 las mujeres víctimas de la violencia que contra ellas ejercen los que se consideran dueños y señores de eso seres humanos que mueren por el mero hecho de ser mujeres.
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La forma de pensar no cambia sola, sino que hay que hacer pedagogía para que nuestros comportamientos se adapten a las nuevas situaciones. Confieso que hasta hace unos años, siempre que me cepillaba los dientes, tenía la mala costumbre de dejar el grifo abierto mientras duraba ese tipo de aseo. Fue mi hija, cuando estudiaba primaria, la que me educó en el uso racional del agua, cosa a la que yo nunca había prestado atención, porque cuando tenía su edad ni había agua corriente en las casas y, en muchas ocasiones, ni siquiera cepillo para los dientes. …