Voz Pópuli

Si no son socialistas ¿qué son?

Ya nos equivocamos en 1977 cuando la ley de amnistía sacó de la cárcel a todos los etarras y miembros del Grapo que creímos antifranquistas

Manifestación Abertzale en Bilbao impulsada por Bildu. EP

Oigo en algunas ocasiones –la última al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez,- hablar de una izquierda no socialista. Ser no socialista no es una definición. Yo no soy hombre porque no sea una mujer ni soy blanco porque no soy negro. Cuando en el debate político se niega la condición de socialista a algunas izquierdas cabe preguntarse: ¿Si la izquierda no es socialista, qué es? Ya no mola ser comunista, ni marxista, ni leninista, ni eurocomunista, ni maoísta, ni anarquista. Si no son socialistas y no son comunistas, marxistas, leninistas, eurocomunistas, maoístas, anarquistas, bolivarianos, castristas, chavistas, entonces, ¿qué son?

De dónde saca ‘pa’ tanto como destaca

Lo que en Madrid es ser pobre (por eso recibirán becas de estudio), en Extremadura y en otras zonas de España es ser rico

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Europa Press

Algo no funciona bien en este país nuestro, cada día más desigual y cada semana más irreconocible. De cuando en cuando nos enteramos de noticias que nos hacen dudar de la bondad del sistema que constitucionalmente convirtió a nuestro país en un Estado Federal.

Las claves de ‘La Clave’

Si en las tertulias de hoy se falta al respeto al discrepante, se chilla para ahogar argumentos, se hace oídos sordos al conductor del programa, puede ser porque eso es lo que se busca

El periodista José Luis Balbín, en una imagen de archivo – Europa Press

Supongamos que sea cierto. Supongamos que damos por buena la defensa de su conducta que hace Mónica Oltra, vicepresidenta del gobierno de la Murió José Luis Balbín. Se fue uno de los grandes del periodismo español. Frente a quienes sostienen que los políticos de antes eran de mayor categoría que los de ahora, añado que los periodistas de antes, también. Y los rectores de Universidad. Y los catedráticos. Y los filósofos. Y los sindicalistas. Y los cantantes. Tal vez haya sido en la ciencia y en sus respectivas ramas donde la calidad de sus actores principales supere a los de épocas anteriores. En el resto, por donde quiera que se mire, se aprecia la bajada de nivel de los principales actores de la sociedad española. Y el recuerdo de Balbín ha venido a ponerlo de manifiesto una vez más.

Ética laxa

Estoy en contra de ese código que trajo la “nueva política” y por eso estoy con los que defienden la no dimisión de alguien que solo está siendo investigado

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, y la vicepresidenta y consejera de Políticas Inclusivas de la Generalitat, Mónica Oltra

Supongamos que sea cierto. Supongamos que damos por buena la defensa de su conducta que hace Mónica Oltra, vicepresidenta del gobierno de la Comunidad Autónoma de Valencia. Aceptemos que su imputación es consecuencia de un complot urdido por la extrema derecha, por la fiscalía valenciana, por el Tribunal Superior de Valencia, por determinada prensa que le tienen ganas, por una menor que nunca fue víctima por agresión sexual de quien fue marido de la imputada. Supongamos que todas esas cosas y algunas otras que se nos escapen han puesto en el disparadero a una política decente. Supuesto todo eso, se demostraría lo sencillo que resulta truncar la carrera de cualquier político. Bastaría una denuncia de alguien contra un cargo público, un fiscal que acuse y un juez que abra una investigación y ¡se acabó!

Si Yolanda ganara España, ¿quién la pierde?

Como yo no tengo intención de convertirme en un apátrida, tendré que hacer todo lo posible para que la señora Díaz no se quede con mi país

La vicepresidenta segunda y líder de Unidas Podemos en el Gobierno, Yolanda Díaz

Al parecer, Yolanda Díaz ha hecho caso de quienes decimos con frecuencia que una propuesta política no puede comenzar con el nombre del protagonista (¿quién?), seguir con qué se piensa hacer (¿qué?) y terminar con el para qué (¿para qué?). La lógica indica que el camino es el contrario: Para qué se quiere gobernar, qué se quiere hacer y quién lo hará. La vicepresidenta segunda del Gobierno ha hecho una propuesta que comienza bien: Para qué quiere gobernar. “Está dispuesta a dar un paso para ganar España”. Yolanda Díaz quiere dar un paso para ganar España. El problema con el que nos encontramos es que ya sabemos para qué quiere dar un paso, pero no sabemos – por lo menos yo- en qué consiste “ganar España”.

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