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Aplaudir a Franco, pitar al Rey

No tengo más remedio que pensar que a los seguidores catalanes del Barça les caía mejor Franco que don Felipe

Agustin Montal, presidente del F.C. Barcelona, en la ceremonia de entrega a Franco de la medalla de oro del club catalán.

Sería sospechoso que un partido constitucionalista apostara por romper el aislamiento al que está sometida la extrema derecha en España. Y habría que exigirle explicaciones sobre la manera en la que piensan mantener el cordón de seguridad respecto a esa derecha ultra.

No estaría mal que quienes hablan de la gente fueran capaces de explicar qué entienden por gente. Supongo que la gente es el lugar común en el que se sitúa a todo aquel que no es como el que habla. Y si eso fuera así, ¿por qué defender aquello que no tienen nada que ver con el defensor de la gente?

Alguien no dice la verdad

Alguien no dice la verdad / Rosell

Supongamos que toda la literatura que ha adornado la presentación de una proposición de ley por el Grupo Parlamentario Socialista y por el de Unidas Podemos es cierta. Supongamos que la eliminación del delito de sedición no es una estratagema para librar de castigo severo a quienes desafiaron a la Constitución y a los ciudadanos que la aprobamos, con sus leyes de desconexión de la Carta Magna, incluido todo el cuerpo legislativo que el Parlamento catalán fue elaborando desde 1979, fecha de entrada de su Estatuto de Autonomía. Supongamos que el PP no acertó en su política territorial y ese desacierto llevó a los independentistas catalanes a proclamar la República Independiente de Cataluña. Supongamos que Puigdemont, que entonces era presidente de la Generalitat, huyó porque estaba seguro de que la proclamación que hizo de la independencia catalana fue solo un aviso a navegantes que duró algo menos de un minuto. Supongamos que la Mesa entre el Gobierno de España y el Gobierno catalán está sirviendo para aplacar el ánimo independentista de los independentistas. Y supongamos que cuando quede aprobada la reforma del Código Penal, la convivencia de Cataluña con el resto de España mejorará y nos veremos libres de la amenaza de secesión.

La única forma de ser patriotas

La historia dirá que hubo una generación, en el primer tercio del siglo XXI, que no supo o no quiso hacer cosas en común por falta de políticos intrépidos, incapaces de arriesgar

Reunión de la Ejecutiva Federal del PSOE – EUROPA PRESS

Hoy, 6 de diciembre, se cumplen cuarenta y cuatro años de la aprobación en referéndum de la Constitución española de 1978. La Transición española y la Constitución resultante no fue solo el deseo de los españoles por articular una democracia que permitiera vivir juntos a quienes deseaban solucionar pacífica y civilizadamente los conflictos que se generan en una sociedad libre. Fue algo más. Fue la constatación de que una sociedad de excluyentes y excluidos se supo aglutinar alrededor de un propósito de convivencia, y todo ello como consecuencia de que los excluidos no albergaron en sus corazones ni un gramo de odio ni transmitieron ese sentimiento, que todo lo destroza, a sus descendientes.

No son los mejores

Casi todo un país aplaudiendo a unos tipos que, por lo visto no saben nada sobre derechos humanos. Ellos, al parecer, solo saben pegarle patadas a un balón

La selección española celebrando un gol ante Costa Rica. EP

La euforia se desató entre los forofos de la selección de futbol española, la llamada “roja” para evitar lo de “nacional” y así no ofender a los nacionalistas que siguen con la matraca de que España es una de las tantas naciones que conforman la península ibérica. La “roja” le ganó a la selección nacional de Costa Rica por siete goles contra ninguno de los centroamericanos. Que se sepa, los jugadores, técnicos y directivos de la Federación Española de Fútbol no han tenido ni un solo gesto para manifestar su rechazo a un país, Qatar, que tiene mucho dinero y poca libertad.

Si se pierde territorio, se pierde libertad

Destruir la Constitución que nos protege nos hace menos libres. Podríamos vivir sin Cataluña, pero no podemos ni queremos vivir sin libertad

Pere Aragonés, presidente de la Generalitat junto a Oriol Junqueras, líder de ERC

La nacionalidad, en este caso la española, es algo que se adquiere con el nacimiento y la inscripción en el Registro. Puesto que no se trata de un sacramento, debemos concluir que la nacionalidad española no imprime carácter, de donde se infiere que aquellos que no la quieran deberían pedir su renuncia a ella de manera individualizada, sin pretender arrastrar a todo un pueblo a esa renuncia. En caso contrario se entenderá que se quiere ser español. ¡Como se quiera!; ¡Con las diferencias que se quieran!, incluido el ser español no practicante. Y los españoles, por muy diferentes que seamos, somos todos iguales ante las leyes. O español o no español, ésta es la cuestión.

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