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Todo no es posible, señor Pere Aragonès

No es inevitable la votación de Cataluña. Haga usted la prueba y verá que sí se puede y se debe evitar

El president de la Generalitat de Cataluña, Pere Aragonès Europa Press

“Una corriente política tan persistente como la del independentismo catalán no puede ser simplemente ignorada o reprimida. Mientras la reflexión y la autocrítica no se generalice, el problema seguirá”. Así concluía un editorial del periódico La Vanguardia de ayer, 12 del presente mes, y un día después de la fiesta catalana del Once de septiembre. Se sigue hablando desde el eufemismo en lo referente al independentismo catalán. Se dice sin decir para que se entienda lo que se quiere que se sepa, pero sin atreverse a descubrir las cartas. ¿Qué se quiere decir con la “reflexión y la autocrítica”? Fue más explícito el presidente del gobierno de Cataluña que el día antes a esa fiesta regional afirmaba en su discurso que “Cataluña volverá a votar su futuro, y lo hará con toda la ilusión y toda la alegría de quien está votando a favor de un futuro donde todo, absolutamente todo, es posible. Cataluña volverá a votar, es inevitable”.

Sumar para dividir

Seguro que Yolanda Díaz hará todo lo posible para dividir a la izquierda para que gane Feijóo

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. Europa Press

Han pasado once años y aún resuenan en nuestros oídos los eslóganes, frases y lemas que se repitieron con tanta frecuencia durante las semanas que duró la protesta que, en mayo de 2011, se centró en Madrid y amplió su onda expansiva por casi todas las provincias españolas. Todos recordamos los gritos que saliendo de la garganta de miles de jóvenes – y no tan jóvenes-  decían «No nos representan»,  «PSOE y PP la misma m… es», «Lo llaman democracia y no lo es», «Nuestros sueños no caben en vuestras urnas», “Entre capullos y gaviotas nos han tomado por idiotas», “¿Dónde está la izquierda? Al fondo a la derecha» o «Esto no es cuestión de izquierdas contra derechas, es una cuestión de los de abajo contra los de arriba».

El oficio de periodista (y II)

Rosell

En mi anterior artículo contaba las difíciles situaciones en las que se verán interrogados los futuros periodistas sobre qué hacer si se encuentran con hechos como los descritos y que pueden vivir en cualquier momento. Para situar a los que no leyeron la parte primera, describo una de esas circunstancias: Un Vicepresidente de un Gobierno de una comunidad autónoma explica a los componentes de su grupo parlamentario las razones por las que él cree que estratégicamente sería mejor prorrogar los Presupuestos de la comunidad que intentar aprobar unos nuevos, sabiendo que el Gobierno no tiene mayoría suficiente para aprobarlos. Alguien del grupo graba subrepticiamente esa intervención y se la pasa a un medio de comunicación

El oficio de periodista (I)

Rosell

Recientemente tuve la ocasión de impartir una clase en la Facultad de Periodismo de la Universidad de Extremadura. Fui invitado por una de sus profesoras y decidí no impartir teoría –para lo que no estoy preparado–, sino exponer ante los alumnos que me escucharon situaciones reales que
pueden encontrase en su actividad profesional cuando se inicien en la profesión para la que se están formando. Contravine en cierta medida lo que la profesora esperaba de mí. Hubiera querido que les disertara a los estudiantes sobre “cómo ven los políticos a los periodistas y viceversa”.

Un embarazo de riesgo: ¿quién protege a quien arriesga?

Si Adriana Lastra hubiera sido hombre no hubiera dimitido por su embarazo. ¡Qué contento estará el machismo hispano!

Adriana Lastra durante un acto del PSOE

No es que Adriana Lastra haya sido lo mejor que ha habido en la Vicesecretaría General del PSOE desde que se introdujo esa figura en la Comisión Ejecutiva Federal socialista para darle más poder al que había sido secretario de organización, Alfonso Guerra. Desde que el PSOE llegó al Gobierno de España, se necesitaba que alguien con autoridad se hiciera cargo de la organización socialista para suplir en el día a día el papel que ya no podía ejercer el secretario general, Felipe González, metido de lleno en las tareas de Presidente del Gobierno.

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