PRESCINDIR DE RELIQUIAS

Parece  ridículo que se siga polemizando sobre  propiedad intelectual o sobre los derechos de autor, cuando ha y derechos que se están violando y que son mucho más importantes que los de autor. Parece trasnochado que se manifieste preocupación por el cierre de una discográfica cuando se están cerrando hospitales, centros para la discapacidad, centros de salud… Qué  importará que a Madonna le bajen una canción de Internet cuando hay personas a las que les han bajado sus casas o sus cuentas de ahorros a través de desahucios o de preferentes. Pero pasan los años y se sigue polemizando sobre un problema que no tiene más que un epílogo: El coche que nos trajo hasta aquí, se averió. Ya no da más de sí. O se prescinde de las reliquias o no avanzaremos. …

Mejor Probemos que Podemos

El juego ha cambiado; a la sociedad le interesan otras formas de hacer política

Se ha dicho hasta la saciedad, y se ha ejemplificado mil veces, que la crisis que vivimos no se parece en nada a otras de las que ha habido a lo largo de la historia. Y no es parecida porque esta no es una crisis de viene y va; lo que está pasando es la consecuencia de un cambio de época que, además de alterarlo todo, se está encargando de destrozar las certezas que hasta ahora parecían incuestionables. Cuando todo cambia y lo que antes era cierto ya no lo es, no queda más remedio que parar o que tratar de circular y avanzar sin certezas y sin seguridad. Ni la privacidad, ni el concepto de valor, ni la información, ni el tiempo, ni el espacio, ni la identidad, ni las fronteras pueden definirse y, por tanto, abordarse, como se definían antes de la aparición de Internet.

Pero… ¿y Podemos?

Partidarios de la independencia festejan en Barcelona el resultado del 9N (EFE)

Como es sabido, los nacionalismos que hoy conocemos en España (sobre todo, el catalán y el vasco) son en una parte importante el resultado de la transformación o, si se quiere ser más precisos, de la secularización y modernización del foralismo o fuerismo que caracterizó al tradicionalismo español en el siglo XIX. Este, a su vez, era expresión de las resistencias que se oponían, desde distintas zonas de España, a los sucesivos intentos de centralización política (primero con el Conde-Duque de Olivares, luego con la Monarquía Borbónica y finalmente con el liberalismo centralista).

Política, mucha política

El pasado nueve de noviembre, el presidente de Cataluña, Artur Mas, declaraba pública y chulescamente, tras depositar su voto en el remedo de referéndum sobre la secesión catalana que «si la Fiscalía busca un responsable, soy yo». Oyéndole se tenía la sensación de que el Sr. Mas quería que todos cuantos le escucháramos supiéramos que lo que se estaba haciendo ese día en Cataluña era ilegal, que esa ilegalidad la estaban cometiendo otros además de él, pero que él se ofrecía como cabeza de turco para asumir cualquier procedimiento que se abriera como consecuencia del quebrantamiento del orden constitucional. No en vano, el presidente catalán desoyó el fallo del Tribunal Constitucional que declaró ilegal cualquier tipo de consulta que pusiera en manos de un grupo de ciudadanos decisiones que sólo corresponde tomar a los únicos y verdaderos depositarios de la soberanía nacional, es decir, al conjunto de los españoles. Sacando pecho, Mas parecía decir: “Aquí está el responsable de lo hecho y si el fiscal quiere algo, que sepa a quien debe dirigirse”.

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