¿Qué quieren hacer?

Todo son amenazas: superpoblación, el cambio climático, el desempleo, el terrorismo, la barbarie, la inmigración, la tecnología disruptiva, el coronavirus, Ucrania, Rusia

Un soldado del ejército ucraniano camina por una trinchera
Un soldado del ejército ucraniano camina por una trinchera

Las generaciones de la primera mitad del siglo XX hicieron dos guerras mundiales. En el periodo que fue de la primera a la segunda guerra mundial, las clases dominantes y las élites conservadoras de Europa, sobre todo de los países más importantes, tal vez asustadas por la radicalización que empezó a ver en la clase obrera, se alinearon con las nuevas fuerzas políticas ultraconservadoras, xenófobas, racistas y nacionalistas. Las instituciones liberales de gobierno entraron en barrena y la democracia se debilitó con el triunfo de dos totalitarismos: el comunismo y el fascismo.

Lástima de país

La debilidad partidaria sólo podría ser compensada por la fortaleza de las Instituciones. Pero no parece que vayan las cosas por esos derroteros

Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo en el Congreso. Europa Press
Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo en el Congreso. Europa Press

Adolfo Suárez ganó el referéndum para la reforma de 1976. Se inició lo que más tarde se conoció como la Transición española de la dictadura a la democracia. Desde ese momento, el único legitimado por las urnas fue Suárez. Todos los demás comenzaron a tener presencia y protagonismo público, pero no estaban legitimados por las urnas. Esa legitimación le permitió hablar de tú a tú a quienes, viniendo de la clandestinidad y de la lucha contra la dictadura franquista, de cuyo partido único (Movimiento Nacional) Suárez era el secretario general, les faltaba pasar por el refrendo popular.

Sangre, sudor y paz

Sangre, sudor y paz / rosell
Sangre, sudor y paz / rosell

La última vez que me desplacé al País Vasco fue para dar mi último adiós a un vasco valiente, demócrata y leal con su país, España, y con su terruño, Euskadi. En otras ocasiones anteriores acudí a Baracaldo, a Bilbao, a Santurce, a Lasarte, a Ordicia, a Vitoria, a San Sebastián, a Rentería… ya fuera para asistir a actos electorales o a entierros y funerales de ciudadanos que habían sido asesinadlos por ETA. En una de las ocasiones asistí al funeral de un policía nacional extremeño, Pablo Sánchez César, de 25 años de edad, al que ETA asesinó en la estación de ferrocarril de un pueblo guipuzcoano, Urnieta, el 16 de septiembre de 1983.

PP-PSOE: un gesto por la democracia

Si al PSOE no le importa que la extrema derecha siga avanzando no tiene más que empujar al PP para que meta en su mochila la pesada carga de Vox

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Europa Press
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Europa Press

Nadie ignora que los partidos políticos han perdido peso y credibilidad en la sociedad española y, especialmente, los partidos que, como el PSOE o el PP, despiertan pasiones o fobias. Si eso fuera así –y lo parece a la vista del resultado de las elecciones autonómicas de Castilla y León– los ciudadanos de esa comunidad autónoma han debido plantearse la disyuntiva de volver a dar la mayoría para gobernar a PP o PSOE, desgastados como parecen estar por los años de gobierno y por la falta de credibilidad, o apostar por opciones hasta ahora extremadamente minoritarias o por opciones seminuevas creadas ad hoc para aprovecharse del desencanto y tratar de conducir a la región castellano-leonesa por derroteros que nadie sabe exactamente cómo serán y hasta dónde quieren llegar.

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