España

En enero de 2017, más rebajas

Congreso de los Diputados. Foto: EFE
Antes de la muerte de Franco y durante la Transición española, la dedicación a la actividad política constituía en la mayoría de los casos un ejemplo de dignidad, valentía y altura de miras. En la mayor parte de los casos, el compromiso acompañaba a quienes se dedicaron a esa actividad. La cosa ha ido enredándose de tal manera que ahora esa dedicación -absolutamente necesaria para que la democracia exista- es sospechosa. Lejos de dar brillo, lo que hace es empañar la imagen. Antes, la familia aconsejaba no dedicarse a la política porque resultaba una actividad peligrosa para quienes habían vivido en sus carnes el fracaso de la II República y el terror de la dictadura. Ahora, las familias vuelven a aconsejar la no dedicación porque aparece como una actividad vergonzosa a los ojos de muchos ciudadanos.

Algo faltó en las Olimpiadas de Río 2016

El pasado día 5 se inauguraron los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro, en Brasil. Durante los meses que precedieron a la inauguración del evento deportivo más importante de cuantos se celebran cada cuatro años, se especuló sobre la capacidad y preparación de los brasileños para llegar a tiempo y en condiciones a la inauguración. Los medios de comunicación nos ofrecían imágenes y crónicas periodísticas que ayudaban a pensar negativamente sobre la decisión que se adoptó por los responsables de decidir el lugar de celebración de esos juegos. Habitaciones a medio construir, baños rotos, duchas destartaladas proyectaban la ruina que parecía ser la ciudad olímpica, sitio en el que los atletas y deportistas participantes iban a vivir durante el periodo de celebración de las competiciones en las que participaran. Se pretendía transmitir la idea de que Brasil no era un país acreditado para responsabilizarse de una organización como esa.

Hartos de los que están hartos

Mariano Rajoy en el Congreso. Foto: EFE
No hay defensor de la regeneración democrática y política que no comience sus conversaciones, sus comentarios o sus artículos sobre la situación política española con el manido ¡Estamos hartos! Esa es la exclamación con la que se inicia la perorata sobre la incapacidad de los partidos políticos para ponerse de acuerdo a la hora de conformar un Gobierno en España. Consideran una agresión el hecho de que, después de dos elecciones, se siga manteniendo la duda sobre el titular de la Presidencia del Gobierno y se maneje la fecha de finales de noviembre o principios de diciembre para volver a someter a los españoles a la ¿tortura? de tener que volver a las urnas. Tortura era no poder votar durante cuarenta años. Si votamos dos veces extras, se nos siguen debiendo ocho elecciones.

Nunca se vio charla tan intensa en tan poco tiempo

De izquierda a derecha, Obama con Sánchez, Iglesias y Rivera, el pasado domingo. Fuente: The White House
Cuando llegan las Navidades, junto a los escaparates nevados y las calles iluminadas de los centros urbanos, las dos imágenes que mejor reflejan la ilusión y la inocencia son el anuncio televisivo de la Lotería Nacional y los niños entregando la carta a SS.MM. los Reyes Magos de Oriente antes del día de la Cabalgata. Pasadas las fiestas, vuelves a caer en la cuenta de que la ilusión se torna resignación, de que la suerte es patrimonio de unos pocos y de que la inocencia es la cualidad que acompaña a los niños hasta que les llega la adolescencia.

Cumplir lo prometido o cambiar de caballo

Pedro Sánchez y César Luena
«¿Pero los socialistas se abstendrían o tendremos que ir a unas terceras elecciones?». Esta es la pregunta que, con cierto enfado, realizaba el director-presentador del programa La Noche en 24 horas a un senador del PSOE el pasado 28 de junio. No vi el mismo enojo cuando PP y Podemos votaron en contra de la propuesta de investidura que realizaron PSOE y Ciudadanos, tras las elecciones del pasado 20 de diciembre; la abstención de cualquiera de los dos hubiera evitado la celebración de unas segundas elecciones. Parece ser que para el presentador de La Noche era tolerable que se celebraran dos elecciones seguidas, pero le resulta infumable la celebración de una tercera. Y por ese falaz razonamiento, el PSOE debería estar obligado a facilitar el Gobierno del PP.

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