España

¿No dan ganas de vomitar?

Bildu (EFE)Tan pendientes se hallaba el personal de los resultados de las elecciones vascas y gallegas para averiguar si Pedro Sánchez se hundía definitivamente en la miseria, para saber si En Marea realizaba, por fin, el tan ansiado sorpasso, dejando a PSOE de Galicia en tercer lugar, y por descubrir si Feijóo consolidaba la mayoría absoluta del PP en Galicia, que han pasado desapercibidas algunas cuestiones que, si se piensan un poco, ponen en evidencia algunos dogmas admitidos y provocan arcadas a quienes tengan la más mínima sensibilidad.

¡Ay, qué risa, María Luisa!

Pablo Iglesias (EFE)Carlos IV fue uno de los reyes más nefastos que tuvo España. Su padre, el rey Carlos III, llegó a decirle en cierta ocasión: «Pero qué tonto eres, hijo mío». Casado que fue con una prima suya, María Luisa de Parma, dejó que fuera su mujer la que se ocupara de la gobernación de España.

El error de confundir las preposiciones

Los líderes regionales del PSOE con Pedro Sánchez (EFE)En la lengua castellana, la preposición es una palabra que relaciona los elementos de una oración. Las preposiciones pueden indicar origen, procedencia, destino, dirección, lugar, medio, punto de partida, motivo, etc. En consecuencia, no tienen el mismo significado las expresiones que vayan acompañadas de una u otra preposición, aunque a veces confundamos el empleo de una u otra cuando queremos decir algo. Es corriente escuchar en determinadas regiones de España la expresión «Contra más aprieto, menos abarco», utilizando la preposición contra, en lugar de cuanto. Lo mismo se puede decir de la preposición desde, que se utiliza en lugar de con cuando se dice: «Esto lo sé desde mi experiencia». En «Tomo estas gotas para la fiebre» se utiliza la preposición para cuando el uso correcto sería contra.

En enero de 2017, más rebajas

Congreso de los Diputados. Foto: EFE
Antes de la muerte de Franco y durante la Transición española, la dedicación a la actividad política constituía en la mayoría de los casos un ejemplo de dignidad, valentía y altura de miras. En la mayor parte de los casos, el compromiso acompañaba a quienes se dedicaron a esa actividad. La cosa ha ido enredándose de tal manera que ahora esa dedicación -absolutamente necesaria para que la democracia exista- es sospechosa. Lejos de dar brillo, lo que hace es empañar la imagen. Antes, la familia aconsejaba no dedicarse a la política porque resultaba una actividad peligrosa para quienes habían vivido en sus carnes el fracaso de la II República y el terror de la dictadura. Ahora, las familias vuelven a aconsejar la no dedicación porque aparece como una actividad vergonzosa a los ojos de muchos ciudadanos.

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