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Nacionalismo catalán. ¿Qué quieren?

Sólo quienes no conocen la historia de España pueden haberse visto sorprendidos por el resultado de las elecciones del 27-S y por la reclamación de una ruptura con un Estado que ya no garantiza el privilegio del que ha venido disfrutando la burguesía catalana desde el siglo XIX.

Quienes nos opusimos a la definición nacional de Cataluña no lo hacíamos por un afán centralista sino por evitar las consecuencias de tamaña e irresponsable cesión. Yo no soy ni nacionalista español ni centralista. Un extremeño no le debe nada al nacionalismo español, entre otras cosas porque su territorio y sus gentes han sido víctimas de ese nacionalismo que durante el siglo XIX y buena parte del XX protegió la industria catalana y vasca y el cereal castellano en perjuicio de otros territorios que tuvieron que comprar más caro los productos españoles que los foráneos.

De manos del Rey de España

Los jugadores del FC Barcelona Iniesta y Xavi levantan el trofeo de la Copa del Rey. (EFE)

¿Qué une a un ciudadano de California con otro de Massachusetts? Seguramente, la bandera de EEUU cuando se iza y el himno americano cuando se canta. Entonces, uno y otro ponen su mano en el corazón para sentir su latido y permanecer unidos por el futuro más que por el pasado, por lo que quieren ser como pueblo, más que por lo que fueron. El himno y la bandera representan ese futuro.

Pero… ¿y Podemos?

Partidarios de la independencia festejan en Barcelona el resultado del 9N (EFE)

Como es sabido, los nacionalismos que hoy conocemos en España (sobre todo, el catalán y el vasco) son en una parte importante el resultado de la transformación o, si se quiere ser más precisos, de la secularización y modernización del foralismo o fuerismo que caracterizó al tradicionalismo español en el siglo XIX. Este, a su vez, era expresión de las resistencias que se oponían, desde distintas zonas de España, a los sucesivos intentos de centralización política (primero con el Conde-Duque de Olivares, luego con la Monarquía Borbónica y finalmente con el liberalismo centralista).

Siempre igual

Mariano Rajoy y Artur Mas en una foto de archivo (EFE)
Siempre se vuelve a escuchar una vez y otra vez y millones de veces las mismas historias, distintas versiones de los mismos cuentos con alternaciones

Con esta estrofa comienza la canción Siempre Igual, de Los Auténticos Decadentes. Escucharla en un programa de radio me llevó hasta la política española y más concretamente hasta el conflicto planteado por la Generalitat de Cataluña en su desafío soberanista. Si hay una palabra que define a la perfección lo que pretende Artur Mas, esa palabra no es otra que deslealtad.

Y… ¿HASTA CUANDO EL SILENCIO?

No me gustan los nacionalistas que quieren romper España; menos me gustan los patriotas que la arruinan sacando el dinero de nuestro de nuestro país y metiéndolo en otros países más rentables o más seguros o en paraísos fiscales. No me gustan quienes aman tanto a su patria, tipo Bárcenas, que pretenden amarla a distancia, depositando el dinero robado en cuentas opacas en Suiza. Los unos, los nacionalistas pretenden pintar una raya que quede para la historia como la cicatriz vergonzante que afea el terreno; los otros tratan de practicar una eutanasia activa para que el enfermo muera de una vez. Los unos, quieren renegar de una patria porque tienen otra de repuesto. Los otros quieren quedarse sin patria si no son capaces de quedarse con la patria entera.

Entre nacionalistas rompedores y patriotas evasores, millones de ciudadanos sacrificando nuestro bienestar y el futuro de nuestros hijos, anestesiados, atemorizados, indignados, callados, vapuleados, indefensos, desconfiados y engañados por los que pretenden que veamos blanco cuando lo que pinta es negro. Y… ¿HASTA CUANDO EL SILENCIO?

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