Arrepentidos los quiere Dios
Yolanda Díaz se propone crear una plataforma que no será ni de derechas ni de izquierdas. Eso está más visto que el TBO

Se supone que Yolanda Díaz aspira a crear una plataforma que reúna las siguientes condiciones:
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Se supone que Yolanda Díaz aspira a crear una plataforma que reúna las siguientes condiciones:
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Independientemente de cómo se resuelva la trifulca de la Superliga, la Selección Nacional de Fútbol (ahora llamada la roja para no molestar a los “nacionales” de otros territorios de España) sigue disputando partidos en competiciones oficiales o partidos de entrenamiento para que el seleccionador vaya probando a quienes considere mejor para cada puesto. No hace mucho vi por televisión cómo los seleccionados celebraban un encuentro con otro equipo para la clasificación en una competición europea.
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«No me iré mientras siga contando con el apoyo de mi presidente» dijo la dimitida Cristina Cifuentes antes de abandonar su puesto de presidenta de la Comunidad Autónoma madrileña. Y se fue cuando dejó de contar con la confianza de su presidente, del Sr. Rajoy, presidente del PP. Ella era presidenta de una Comunidad Autónoma, pero se comportó a la hora de seguir o marcharse como la delegada del gobierno que preside su presidente.
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Se fue Felipe González de la Secretaría General del PSOE y comenzó el baile de legitimación de sus sucesores. Desde Joaquín Almunia, pasando por José Luis Rodríguez Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba y, ahora, Pedro Sánchez, el PSOE no ha parado de cambiar reglamentos y procedimientos de elección de cargos orgánicos e institucionales, hasta el punto de que resulta difícil adaptarse y asimilar cada uno de esos cambios. Salvo los secretarios de organización de las federaciones regionales y provinciales, no creo que exista militante que pueda saber cómo va a participar en esos intrincados caminos por los que se anda y desanda la tan cacareada participación de afiliados y simpatizantes.
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Es costumbre en la democracia española, cuando se acercan las elecciones, poner el acento en el nombre de los candidatos antes que en los partidos políticos. De todos (o de casi todos) es sabido que no somos los electores los que elegimos al presidente del Gobierno. Son los diputados, reunidos en el Congreso, los encargados de designar para ese cargo a la persona capaz de aglutinar alrededor suyo un mínimo de 176 votos en la primera votación o a más votos a favor que en contra en la segunda. Elegimos parlamentarios cada vez que se convocan elecciones generales al Congreso y al Senado. Y son ellos los que en nuestro nombre y como representantes de la soberanía nacional se encargan de articular todas y cada una de las funciones que tienen encomendadas por la Constitución Española y por el Reglamento del Congreso y del Senado.
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