Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo – Europa Press
No me creo el discurso de quienes afirman que lo que está pasando con el PP en Extremadura, en Valencia o en Aragón es la consecuencia del oportunismo de un partido que no tiene ningún problema en predicar en Extremadura lo contrario de lo que pontifica en Valencia. Parece que lo importante para ese partido es conquistar los gobiernos sin importar decir en un territorio lo contrario de lo que dice en otro. Da la impresión de que hacen uso del refrán ese que dice “ande yo caliente, ríase la gente”.
un elector introduce su voto en la urna en un colegio
El sistema político español está lleno de imperfecciones y de matices, es decir, todo lo que hay se puede matizar e incluso se podría cambiar. Pretendo poner de manifiesto que si se cambiaran algunas cosas, o se modificaran, seguramente las imperfecciones y los matices seguirían presentes. No conozco ningún sistema político en el mundo que sea perfecto. Se pueden cambiar cosas, podemos ver los defectos que tiene el nuestro. Si lo cambiáramos volverían a aparecer imperfecciones, desafecciones, dudas y matices.
Debería llegar el día en el que a nadie le importe el pensamiento de los jueces y magistrados, como ocurre con los médicos y cirujanos
Imagen del último pleno del CGPJ con Rafael Mozo al frente tras la dimisión de Lesmes
Los partidos no podrían politizar la justicia si no contaran con cómplices dispuestos a hacer el trabajo sucio y a traicionar a sus compañeros de profesión. No conozco a ningún magistrado que levante su voz para rechazar el apelativo de demócrata, conservador, liberal, de izquierdas o de derechas que se le atribuye desde el mismo momento en que su nombre se baraja para algún puesto de relevancia en el Poder Judicial. Ni un solo magistrado de los que han sonado o suenan para ocupar responsabilidades en el órgano de Gobierno de los jueces o en los altos tribunales de Justicia ha protestado por esos apelativos.
La debilidad partidaria sólo podría ser compensada por la fortaleza de las Instituciones. Pero no parece que vayan las cosas por esos derroteros
Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo en el Congreso. Europa Press
Adolfo Suárez ganó el referéndum para la reforma de 1976. Se inició lo que más tarde se conoció como la Transición española de la dictadura a la democracia. Desde ese momento, el único legitimado por las urnas fue Suárez. Todos los demás comenzaron a tener presencia y protagonismo público, pero no estaban legitimados por las urnas. Esa legitimación le permitió hablar de tú a tú a quienes, viniendo de la clandestinidad y de la lucha contra la dictadura franquista, de cuyo partido único (Movimiento Nacional) Suárez era el secretario general, les faltaba pasar por el refrendo popular.
Lo más seguro es que si oyeran los comentarios de los ciudadanos sobre las sesiones de los miércoles entrarían en «modo pánico”
Pedro Sánchez, junto a Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, en el último congreso federal del PSOE
Resulta comprensible el mimetismo que se produce en el lenguaje político y en la forma de hablar de los políticos. Son muchas las horas, los días y las semanas que pasan juntos, ya sea en los Plenos o Comisiones del Congreso o del Senado, ya sea en los escaños de Ayuntamientos, Cabildos o Diputaciones. Esa cercanía, que se ve acompañada de discursos, provoca que el lenguaje de unos acabe siendo imitado en algunas formas y expresiones por otros. Recuerdo que fortuna que adquirió la famosa “alícuota parte” de Felipe González. Rara era la vez que en sus discursos no aparecía lo de la “alícuota parte” hasta el punto en que poco a poco, uno tras otros, los diputados de su partido y, posteriormente, los diputados de otros diferentes al suyo comenzaron a utilizar la “alícuota parte” sin saber que “alícuota” significa parte. “Señorías, no pretendan ustedes quedarse con la alícuota parte que nos corresponde a nosotros”. O sea que nadie se quede con la “parte parte”.