Parece que la etapa de Susana Díaz en Andalucía empieza como comenzó el periodo democrático en España en 1977. Si recordamos los resultados que obtuvieron las cinco primeras fuerzas políticas en las elecciones generales de ese año, observaremos muchas similitudes con lo ocurrido en la comunidad autónoma andaluza.
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Durante años hemos tenido que escuchar que la democracia consiste en la alternancia en el gobierno. Ese eslogan siempre aparecía en los procesos electorales y venía a cuento porque quienes así opinaban consideraban que, tanto en Extremadura como en Castilla-La Mancha como en Andalucía, esa máxima no se estaba cumpliendo debido a la larga permanencia de los socialistas en el gobierno de dichas comunidades autónomas y que, por lo tanto, en ninguna de esas comunidades existía la democracia.
Si hoy viviera Hesíodo, poeta de la Antigua Grecia, y mirara las listas electorales que los diferentes partidos preparan para Madrid, no repetiría la siguiente frase a él atribuida: “Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, simplemente horrible.” Si esa siguiera siendo su equivocada opinión sobre la juventud de hoy, podría manifestar su temor si se refiriera a circunscripciones electorales diferentes de la madrileña.
Hace dos semanas, el Consejo de Ministros aprobó un decreto que permitirá a las Universidades reducir la duración de los grados para adaptar las titulaciones al modelo 3+2, tres años de grado y dos de máster. Los dos únicos argumentos esgrimidos por el ministerio es que eso es lo que se hace en la mayor parte de los países que firmaron el Plan Bolonia y que a las familias les saldrá más barato una graduación de tres años que otra de cuatro. El primer argumento es cierto. Sólo España, junto con países de dimensiones muy inferiores de las españolas, tales como Kazajistán, Turquía o Chipre, mantiene el plan de cuatro años de graduación más uno de máster, sin que nunca se explicaran las razones por las que no se siguió el rumbo de Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, Dinamarca, Suecia, Holanda…, que lo redujeron a tres. Ahora el Ministerio cambia de opinión y, tal vez, hayamos mirado al dedo en lugar de a la luna.
Terminó el debate del estado de la Nación. Cuando no se esconde detrás del plasma, Rajoy demuestra, una vez más, quién es, de dónde viene y a dónde va. Nunca se sabrá si el tono displicente que empleó con Pedro Sánchez es la consecuencia de su manera de ser o es la concesión a lo que él cree que puede satisfacer los peores instintos de su electorado; como no me creo lo segundo -conozco gente de derechas que no aprueba ese tono-, pienso que sus maneras son el reflejo de su personalidad. “No vuelva por aquí”, le dijo al líder socialista, demostrando una vez más que lademocracia y la dictadura son para Rajoy dos caras de la misma moneda, lo que explica que, desde el principio, el presidente decidiera sumarse al grupo que encabezaba su admirado Fraga cuando empezaron a transitar por los caminos de la democracia en forma de los Siete Magníficos.