El joven Cayo Lara y la adolescente Rosa Díez (elconfidencial.com)

El PSOE anda esta semana debatiendo sobre la democracia dentro de los partidos políticos, tratando de adaptar las viejas estructuras a los aparentes deseos de modernidad de amplios sectores de la sociedad. Y digo aparentes deseos porque, en lo que hace referencia al PSOE, todo aquel que quiere decir algo sobre el futuro del partido socialista se arranca con el mantra de que se necesita gente joven para dar el relevo a la generación de Rubalcaba, que representa el pasado. Lo que no acierto a entender es ese afán de renovar y modernizar al PSOE, tanto por los que lo rechazan como opción política, como los que piensan que una democracia como la española necesita una opción socialdemócrata que equilibre el peso de la derecha y por eso se apuntan a la renovación.

Los que no creen en el socialismo andan todo el día preocupados por el futuro del PSOE, no ahorran consejos sobre la forma en que ese partido debería afrontar su proceso de renovación y modernización interna. “No es posible que con líderes tan mayores el PSOE pueda conectar con el electorado joven”, dicen quienes desean ver fuera del escenario político a Rubalcaba. Su diagnóstico y su preocupación serían creíbles si esa misma opinión se extendiera sobre el conjunto de las fuerzas políticas.

¿Cómo se explica que esa misma recomendación no se oiga cuando se trata de hablar del PP, de IU, de UPyD, de Convergencia y Unió, del PNV o de otras formaciones, cuyos líderes no es que estén precisamente en la edad del pavo? Mariano Rajoy tiene 58 años; Cayo Lara ya ha cumplido los 61, exactamente igual que Rosa Díez; esos son, también, los años que tiene Durán i Lleida; algo menos, pero ya maduro, tiene Artur Mas, que ya ha llegado a los 57. El más joven de todos es Urkullu, que ya tiene 52. Un año más, 53, tiene Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid. Con 60 años, ejerce de presidente de La Rioja, Pedro Sanz; le sigue de cerca Ramón Luis Valcárcel, presidente de Murcia; 52 es la edad de Núñez Feijóo, Presidente de la Xunta gallega. Como puede apreciarse en estos cuantos ejemplos, nuestros dirigentes políticos no son precisamente unos pimpollos, por lo que parece extraño, cuando no sospechoso, que teniendo una clase política cuyos máximos responsables ya cumplieron el medio siglo, superándolo la mayoría de ellos, los comentaristas, tertulianos y demás politólogos sólo se hayan aprendido la edad de los dirigentes socialistas, recomendando al PSOE que haga aquellos que ni piden ni señalan como hándicap en el resto de los partidos y coaliciones del arco parlamentario y autonómico español.

Parece extraño, cuando no sospechoso, que teniendo una clase política cuyos máximos responsables ya cumplieron el medio siglo, superándolo la mayoría de ellos, comentaristas y demás politólogos sólo se hayan aprendido la edad de los dirigentes socialistas

De igual forma el PSOE, creyendo que el movimiento 15-M y todos los que a partir de él han ido surgiendo en España como consecuencia del declive de los partidos tradicionales tenían entre sus principales aspiraciones la elección democrática elevada al grado sumo de sus candidatos electorales, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, ha decidido tirar la casa por la ventana y prepara para su conferencia política una serie de modificaciones estatutarias por las que se elegirá al candidato a presidente del Gobierno por un sistema de primarias, donde podrán votar todos los afiliados y los que se declaren simpatizantes. Y como eso parecía poca rebaja, aprovechando el viaje, también quieren que se elija por ese procedimiento al secretario general del partido. La primera pregunta que se me ocurre es: ¿Y qué pasará cuando el secretario general, elegido por los afiliados, y el candidato a presidente del Gobierno, elegido por militantes y simpatizantes, no coincidan en la misma persona?  Cuando uno y otro no compartan criterios sobre asuntos transcendentales, ¿qué opinión prevalecerá, la del secretario general o la del candidato? ¿Qué órganos estatutarios serán los encargados de dirimir el conflicto? Ya se plantearon esos conflictos en la época de Borrell, candidato, y Almunia, secretario general, y ya sabemos cómo se resolvió el conflicto.
Recuerdo que los reunidos en la Puerta del Sol hace dos años, lo primero que acordaron fue no perder el tiempo eligiendo líder y ponerse a discutir sobre propuestas y soluciones. Ahora algunos aparecen como líderes de ese movimiento, sin que nadie haya pedido explicaciones de cómo han sido elegidos, si por primarias o secundarias. Lo que no recuerdo es la forma en que Ada Colau ha sido elegida cabeza visible y portavoz del movimiento antidesahucios. Y creo que a nadie le importa un pimiento; sencillamente importa lo que dice y qué causas defiende.

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No creo en los Reyes Magos (El correo de Andalucía)

No creo en los Reyes Magos, pero todos los años, cuando llega el 5 de enero acompaño a los más pequeños de la casa a ver la cabalgata, a entregar la carta a Gaspar que es el preferido de mi familia, a llenar una vasija de agua para los camellos de SS.MM. y a poner polvorones y algo de anís para los que vienen esa noche a traernos los regalos. No creo en ellos, pero cada año hago como si lo creyese. Ya sé que no existen, pero mantengo la ficción de que están ahí y no se me ocurre tirar de las barbas de esos Reyes porque si lo hiciera, la magia desaparecería y me encontraría con la cara del concejal de festejos de mi pueblo.

Tampoco creo que los Reyes de España tengan la sangre azul, pero no se me ocurriría nunca preguntar, al cirujano que operó al Rey, por el color de su sangre cuando tuvo que abrirle para sanear la parte de su cuerpo deteriorada; si lo hiciera, estoy seguro que me encontraría con un ciudadano con sangre roja como el común de los mortales. Ya sé que eso es así, pero mantengo la ficción.

Durante algo más de veintiún siglos, a nadie le ha dado por buscar tres pies al gato en lo referente a SS. MM. Melchor, Gaspar y Baltasar; en el momento en el que a la prensa le diera por preguntar por las razones por las que Baltasar, siendo un Rey negro, siempre va el último, estaríamos ante un problema de racismo que pondría en la picota la discriminación por razones de raza. De igual manera, quienes quisieran agarrarse a la Constitución española, descubrirían de inmediato que la igualdad de géneros brilla por su ausencia en una institución tan antigua y tan mágica como la de esos santos Reyes; la pregunta sobre la ausencia de una Reina Maga vendría respondida rápidamente por quienes apuestan decididamente por la igualdad entre hombres y mujeres. ¿Qué decir del Ministro de Hacienda, quien, después de haber tratado de amedrentar a diversos colectivos, seguramente mandaría a sus inspectores de la Agencia Tributaria para investigar si, cuando descienden por las chimeneas de millones de edificios, entregan los juguetes y regalos con o sin factura?

Puesto que nada de eso pasa, no me queda más remedio que pensar que a pesar de las irregularidades que se presumen, se considera que es mejor dejar las cosas como están, para que la magia, la ilusión, el afecto y el encuentro entre amigos y familias no se rompa por tratar a los Reyes Magos como al resto de los mortales.

Yo no creo en los magos de Oriente, pero hago como si creyera en ellos, a pesar de que cada 5 de enero, parte de mi paga extra se disuelve como un azucarillo en agua a consecuencia de los gastos que conlleva mantener la ficción.

Tampoco creo en la Monarquía, pero hago como si creyera en ella porque a lo largo de la historia de España, esta Monarquía que encarna D. Juan Carlos y que reconoce la Constitución española, es la que ha proporcionado el periodo más largo de democracia, libertad y progreso para todos los españoles. Ya sé que me cuesta dinero mantener a la Familia Real, pero tanto en el caso de los Reyes Magos, como en el caso de la Monarquía parlamentaria española, cuando hago balance entre los gastado y los recibido, el saldo, en ambos casos es positivo. El 6 de enero de cada año calculo lo que me he gastado en la ficción Maga y lo que he recibido gracias a esa ficción y el resultado me favorece. Después de 34 años, hago balance para saber cuanto me cuesta la Monarquía y cuanto beneficio he recibido, y el saldo también me resulta positivo.

Ya sé que Monarquía suena a antiguo, pero también sé que cada vez que los españoles nos hemos decidido a cambiar de régimen, casi siempre lo hemos hecho con violencia, con odios y rencores. Y por eso me gustaría seguir manteniendo la magia, la ficción, para que nuestros hijos y nietos no se metan en aventuras que casi nunca supimos resolver correcta y civilizadamente a lo largo de nuestra historia.

Los reyes Magos siguen actuando como lo hacen porque nadie nunca les dijo que lo hicieran de otra manera; si el machismo, el racismo y el fraude a la Hacienda Pública impera entre los Magos de Oriente, parte de la responsabilidad es nuestra. Y cuando en

Tanto en los Reyes Magos, como en la Monarquía española, mi balance entre lo gastado y lo recibido, el saldo es positivo.

algunos sitios se ha cambiado a los de Oriente por los del norte de Europa, el resultado ha seguido siendo el mismo; Papá Noel sigue haciendo lo mismo que los otros tres. De igual manera, la Corona española ha actuado como lo ha hecho porque nunca nadie le dijo que ese camino no llevaba a ninguna parte. Pero tengan en cuenta que si les tiramos de las barbas, desaparece la ficción y aparecerá un ser de carne y hueso. Y me estoy imaginando quien puede sustituirlos y se me pone el bello de punta.

Recientemente, estuve en Holanda y aprecié el progresismo de una sociedad de la que podríamos aprender algunas cosas. En algunos aspectos, los holandeses me parecieron más avanzados y modernos que los españoles. Hace solo unos días, la Reina Juliana abdicó en su hijo Guillermo. ¿Vieron ustedes la ceremonia de proclamación del nuevo Rey? Cualquiera diría, viendo a los holandeses acompañando a sus Reyes que estamos ante una de las sociedades más avanzadas de Europa.

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Reyes Magos y Monarquía (elconfidencial.com)

Yo no creo en los Reyes Magos, pero cada noche del día 5 de enero, preparo los regalos que voy a hacer a mis seres queridos y espero recibir los que esos Reyes habrán depositado en las casas de esos familiares y amigos. No creo en los Reyes Magos, pero acudo cada tarde del 5 de enero a la cabalgata que trae a Sus Majestades de Oriente y llevo a los más pequeños de la familia para que le entreguen la carta de petición de regalos a Gaspar, que es el rey preferido en mi casa. No se me ocurre tirar de la barba de ese Mago porque si lo hiciera sé que me encontraría con la cara del concejal de festejos de mi pueblo. No creo en los Reyes Magos pero mantengo la ficción de su existencia, porque creo que no hacen daño y porque prestan un gran servicio a la convivencia, al encuentro familiar y a que los niños se acuesten un día al año sin protestar por lo temprano que le mandamos a la cama.

Tampoco creo en la Monarquía, pero cada día que oigo hablar de ella y de las personas que conforman la Casa Real mantengo la ficción de que la sangre que corre por sus venas es sangre de un color distinta a la del resto de los ciudadanos; sé que tienen la sangre roja, pero me creo que la tengan azul. Y no se me ocurre preguntar al cirujano que interviene quirúrgicamente al Rey de España sobre el color de la sangre Real, porque sé que me encontraría con un ser humano igual que el resto de los que vivimos en España.

La Monarquía que protagoniza y encabeza el Rey D. Juan Carlos ha traído más beneficios que perjuicios a mi país; mírese, si no, el tiempo de democracia, libertad y progreso del que ha disfrutado España con este Rey y compárese con otras etapas de la historia de España.

Si se quiere mantener la ficción monárquica, no debemos comenzar a pedir actuaciones que, al igual que ocurre con los Reyes Magos, nos devuelven la imagen del concejal de mi pueblo. Ya sé que los Reyes Magos no van por ahí cazando renos o haciendo negocios aprovechando su magia; sabemos que aparecen y desaparecen sin hacer ruido y sin que sepamos cómo es su vida privada. El día en que a la prensa le dé por investigar las razones por las que Melchor es el primero, Gaspar el segundo y Baltasar el tercero, tendremos serios problemas para mantener la ficción, entre otras cosas porque ya se encargarán los que estén más atentos a la no discriminación por razón de raza, de averiguar que el racismo ya existía desde hace veinte siglos y que ese racismo es la causa de que el Rey negro siempre sea el último, aunque para los menores de edad resulte el más simpático. No digo nada si los defensores de la igualdad y no discriminación comienzan a exigir que entre el trío de Reyes figure como mínimo una Reina. Eso sin querer entrar en los aspectos fiscales y tributarios que nos llevaría muy lejos, sobre todo si alguien pretendiera investigar el pago del IVA por los juguetes que los Reyes Magos compran en El Corte Inglés o en Toy’s R Us. Si esas cosas comenzaran a tratarse en la prensa y en las tertulias, incluidas las tertulias del corazón, no habría quien fuera capaz de mantener en pie la Institución secular de los Reyes Magos.

Y si algún día se descubriese que esos Reyes, en sus vidas privadas, cometen algunos errores que no casan con la imagen que deben transmitir a la opinión pública, todos tendríamos que reconocer que algo de culpa tuvimos, porque durante siglos sólo quisimos preocuparnos de los regalos que nos traían, sin importarnos de donde venían esos regalos, donde los compraron y quién les daba el dinero. Si desde el principio se le hubiera hecho saber a los Magos que su comportamiento debería ajustarse a determinadas pautas de conducta y que no íbamos a tolerar que adaptaran sus vidas privadas a la vida de los que no éramos Magos, ahora tendríamos derecho a exigir responsabilidades y ellos sabrían que la ruptura de la magia y de la ficción fue la consecuencia de que quisieron ser Reyes, Magos y ciudadanos al corriente de sus deberes fiscales, y eso, como se dice en mi tierra, es el guarro gordo y barato.

Ya sé que República es un sistema más acorde con los tiempos que Monarquía. Supongo que los holandeses pensarán lo mismo.

Lo dicho, no creo ni en los Reyes Magos ni en los Reyes terrenales, pero en uno y otro caso, estoy interesado en que se mantenga la magia; en el primer caso, porque aunque me cuesta la paga extra, lo cierto es que al final, casi siempre salgo ganando si echo las cuentas entre lo que regalo y lo que me regalan; en el segundo caso porque la Monarquía que protagoniza y encabeza el Rey D. Juan Carlos ha traído más beneficios que perjuicios a mi país; mírese, si no, el tiempo de democracia, libertad y progreso del que ha disfrutado España con este Rey y compárese con otras etapas de la historia de España, con Monarquía o con República.

Los españoles no somos expertos en cambiar de régimen; salvo el paso de la dictadura de Franco a la democracia actual, en la mayoría de las ocasiones el cambio ha sido la consecuencia de factores que llevaban el germen de la división entre nosotros, cuando no de violencia y de inestabilidad. Ya sé que República es un sistema más acorde con los tiempos que Monarquía. Supongo que los holandeses, tan modernos o más que nosotros, pensarán lo mismo. Pero, ¿vieron la coronación del Rey Guillermo?

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¡NO ROMPER LA MAGIA!

No creo en los Reyes Magos, pero cada 5 de enero hago regalos a mis seres queridos. No creo en ellos pero llevaba a mi hija a entregarle la carta a Gaspar que era su Rey preferido. Nunca se me ocurrió tirarle de las barbas porque sabía que si lo hacía, aparecería la cara del concejal de festejos de mi pueblo. Nunca quise saber las razones por las que no había igualdad de sexo entre ellos que eran tres y ninguna mujer, ni tampoco por la razones por las que Baltasar siempre iba el último. ¿Por ser negro?

Tampoco creo que nadie tenga la sangre azul pero si no mantengo la ficción, me cargo la magia. Los Reyes Magos me cuestan dinero pero cuando echo las cuentas entre lo que pago en regalos y lo que recibo, el saldo es favorable. Eso me pasa con la Monarquía española. Echo las cuentas y el resultado es positivo. Por eso no quiero romper la magia. Ya sé que son iguales pero no quiero tirarle de las barbas.

¿Y EL PARTIDO? (el correo de Andalucía)

Éramos pocos y paró la abuela. El PSOE anda elaborando su estrategia política para hacerla pública en la conferencia a celebrar en el mes de octubre próximo; pero parece que para evitar que se hable de proyectos que traten de dar respuesta a la desgraciada situación por la que atraviesa nuestro país, idea el debate sobre nombres y sobre procedimientos para elegir entre esos nombres. Ya nos hemos enterado a través del Presidente del partido que el partido socialista tiene un banquillo que para sí quisieran el Real Madrid o el FC Barcelona, de lo que se deduce que el problema de ese partido no es buscar nombres, sino saber cómo se es capaz de seleccionarlos para que salga el mejor y para que los que no les votan decidan hacerlo después de un proceso lo más democrático posible.

Nadie sabe cómo se eligió a Ada Colau, líder indiscutible del movimiento anti desahucio, a la que siguen y atienden muchos ciudadanos identificados con su discurso y con sus propuestas. Nadie sabe cómo se eligió al líder del movimiento 25S ni al líder del movimiento 11M, entre otras cosas porque cuando ese grupo de manifestantes decidieron aparcarse en la Puerta del Sol en marzo de 2011, lo primero que proclamaron era que no querían líderes, sino discutir sobre propuestas. No sé, por tanto, de donde se saca la dirección del PSOE la idea de que cuanto más democrática sea la elección de sus líderes, más posibilidades existen de que el PSOE entronque con quienes le dieron la espalda en las últimas elecciones generales, autonómicas y municipales. Algunos parecen haber olvidado la máxima del difunto presidente del PSOE, Ramón Rubial, que prohibía que se diera algo en el seno del PSOE a quien lo pidiera para él. “Trabaja y ya ye fijará el partido en ti; y si no, te aguantas”, decía el fallecido Ramón Rubial.

Otros parecen haber olvidado que España se rige políticamente por un sistema parlamentario, donde el Presidente del Gobierno no es elegido por votación directa de los ciudadanos, sino por el voto de los representantes-delegados de los electores, que se llaman diputados, lo que garantiza la certeza de que el Congreso es el que controla al Presidente elegido y la posibilidad de que incluso destituya a ese Presidente a través de la moción de censura o la pérdida de la moción de confianza si llegara a plantearla. Si como parece ahora (pero no lo pareció en el Congreso del PSOE de Sevilla) el partido socialista ya no sólo se conforma con elegir por primarias al candidato a la Presidencia del Gobierno, sino que avanza un paso más y propone que también lo sea el Secretario General de ese partido, se dejará de hacer caso al consejo de Rubial y se hará difícil explicar que la elección del Presidente del Gobierno por el voto delegado de los ciudadanos es un método democrático.

En el supuesto de que esos procedimientos se abrieran paso, el PSOE pasará los dos últimos años de esta legislatura votando ya sea para elegir al candidato a Presidente o al candidato a Secretario General. Y por el camino, se dejará el control democrático de esos cargos por los órganos del partido. ¿Quién será el guapo que se atreverá a cuestionar en un Congreso o en un Comité Federal los designios, decisiones o resoluciones del Secretario General elegido por todos los militantes del partido? ¿Quién se atreverá a votar en contra de resoluciones congresuales o federales que no cuenten con el aval y el visto bueno del elegido por las bases? ¿Quién le toserá al Secretario General cuando haga la propuesta de la Comisión Ejecutiva con la que piense dirigir el partido en los años siguientes a la celebración de un Congreso?
¿Y qué pasará cuando el Secretario General, elegido por los afiliados, y el candidato a Presidente del Gobierno, elegido por militantes y simpatizantes, no coincidan en la misma persona? Cuando uno y otro no compartan criterios sobre asuntos transcendentales, ¿qué opinión prevalecerá, la del Secretario General o la del candidato? ¿Qué órganos estatutarios serán los encargados de dirimir el conflicto? Ya se plantearon esos conflictos en la época de Borrell, candidato, y Almunia, Secretario General, y ya sabemos cómo se resolvió el conflicto.

Algunos parecen haber olvidado la máxima de Rubial, que prohibía que se diera algo en el seno del PSOE a quien lo pidiera para él

En una entrevista que tuve con Fidel Castro en la Habana, en un momento pude ver como Castro escribía y corregía la maqueta del periódico Granma. Le pregunté que si era él el que hacía el periódico. Su respuesta fue que el Granma era el periódico del pueblo, para el pueblo y hecho por el mismo pueblo. Pensé que como el pueblo cubano tenía cosas más importantes que hacer que reunirse todas las noches para redactar un periódico, que era el Comandante Castro el que lo hacía en su nombre. Sin duda algo parecido pasará con los procedimientos que el PSOE está acariciando, torpemente en mi opinión; como los militantes y simpatizantes no podrán reunirse cada semana para controlar, supervisar o corregir lo que haga el Secretario General o el candidato, serán ellos los que decidan en nombre de quienes los eligieron.

¿Y el partido?

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