Artur Mas

Humildad fingida o el miedo guarda la viña

Artur Mas y Oriol Junqueras, en la firma del acuerdo para adelantar las elecciones al 27 de septiembre. (EFE)

Según se lee en la Biblia, los discípulos querían saber quién era el mayor en el reino de los cielos. Jesús puso a un niño en medio de ellos, diciendo: “Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mateo 18.4). Bien es cierto que junto a ese elogio de la humildad, San Pablo menciona en Colosenses (2.18) que “hay algo que parece ser la humildad, pero en verdad no lo es. Es la humildad fingida. Algunos, al darse cuenta de los méritos de la humildad, la codician por su excelencia o por la exaltación que buscan. Buscar la humildad por razones egoístas trae como resultado la humildad fingida”.

De manos del Rey de España

Los jugadores del FC Barcelona Iniesta y Xavi levantan el trofeo de la Copa del Rey. (EFE)

¿Qué une a un ciudadano de California con otro de Massachusetts? Seguramente, la bandera de EEUU cuando se iza y el himno americano cuando se canta. Entonces, uno y otro ponen su mano en el corazón para sentir su latido y permanecer unidos por el futuro más que por el pasado, por lo que quieren ser como pueblo, más que por lo que fueron. El himno y la bandera representan ese futuro.

Vivir juntos para acometer grandes empresas

Mariano Rajoy y Artur Mas, en la Moncloa, en julio de 2014. (Gtres)

Parece claro que el desafío de Artur Mas no tiene retorno. Si fuera cierta -y asegura que lo es- la frase que el presidente de la Generalitat dijo al presidente Zapatero el 20 de enero de 2006, y que José Bono publica en su libro de reciente aparición, Diario de un ministro -«Yo voy quitando lo de nación del Estatuto y tú vete poniendo más dinero”-, podríamos pensar que todo el embrollo independentista se podría arreglar con euros. Pero desde 2006 hasta ahora, Artur Mas ha ido tan lejos que su viaje personal ya no tiene vuelta atrás.

¿Cuánto vale la conciencia y honor de Mas y Junqueras?

Artur Mas y Oriol Junqueras, en la firma del acuerdo de gobernabilidad de 2012. (Efe)

“Juro o prometo”. Así comienza el texto que leen o recitan solemnemente todos aquellos que acceden a la toma de posesión de  un cargo o de una función pública. A ese firme compromiso le sigue lo de “cumplir y hacer cumplir la Constitución”. La persona electa o nombrada que promete o jura lo hace poniendo por testigo y por aval de que lo que dice lo va a cumplir a “su conciencia y honor”, ofreciéndose a “cumplir fielmente las obligaciones del cargo, con lealtad al Rey, y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado”.

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