Artur Mas

Pero… ¿y Podemos?

Partidarios de la independencia festejan en Barcelona el resultado del 9N (EFE)

Como es sabido, los nacionalismos que hoy conocemos en España (sobre todo, el catalán y el vasco) son en una parte importante el resultado de la transformación o, si se quiere ser más precisos, de la secularización y modernización del foralismo o fuerismo que caracterizó al tradicionalismo español en el siglo XIX. Este, a su vez, era expresión de las resistencias que se oponían, desde distintas zonas de España, a los sucesivos intentos de centralización política (primero con el Conde-Duque de Olivares, luego con la Monarquía Borbónica y finalmente con el liberalismo centralista).

Política, mucha política

El pasado nueve de noviembre, el presidente de Cataluña, Artur Mas, declaraba pública y chulescamente, tras depositar su voto en el remedo de referéndum sobre la secesión catalana que «si la Fiscalía busca un responsable, soy yo». Oyéndole se tenía la sensación de que el Sr. Mas quería que todos cuantos le escucháramos supiéramos que lo que se estaba haciendo ese día en Cataluña era ilegal, que esa ilegalidad la estaban cometiendo otros además de él, pero que él se ofrecía como cabeza de turco para asumir cualquier procedimiento que se abriera como consecuencia del quebrantamiento del orden constitucional. No en vano, el presidente catalán desoyó el fallo del Tribunal Constitucional que declaró ilegal cualquier tipo de consulta que pusiera en manos de un grupo de ciudadanos decisiones que sólo corresponde tomar a los únicos y verdaderos depositarios de la soberanía nacional, es decir, al conjunto de los españoles. Sacando pecho, Mas parecía decir: “Aquí está el responsable de lo hecho y si el fiscal quiere algo, que sepa a quien debe dirigirse”.

Esperando una respuesta

Juan José Ibarretxe y Artur Mas en 2009 (EFE)

El 1 de febrero del año 2005, el lehendakari, Juan José Ibarretxe, aseguró que acudía al Congreso «con la mano tendida para abrir un proceso negociador» frente al que «no se puede trasladar un no por respuesta sin admitir negociación» previa, y expresó su convicción de que «existe un camino para el encuentro: el derecho a decidir y la obligación de pactar». También habló de que el referéndum pudiera tener «validez jurídica» tras un pacto. En su réplica, añadió: «Si el Congreso da un portazo trasladaré la palabra al pueblo». «¿A qué tienen miedo para iniciar un proceso negociador?», se preguntaba.

¡Si me queréis, irse!

Artur Mas y Oriol Junqueras. (Reuters)

“¡Si me queréis, irse!”, gritó Lola Flores el 25 de agosto de hace 30 años desde el altar de la iglesia de la Encarnación de Marbella cuando se sintió acorralada por el gentío. El temperamento y el malestar por el acoso le hizo decir: “Maldigo la hora en que elegí este pueblo para celebrar la boda de mi hija Lolita”. Invitó a tanta gente al casamiento que la ahogaron por el calor y por los besos.

La mentira como hecho diferencial

Jordi Pujol y Artur Mas durante una reciente ejecutiva de CDC (EFE)

«La consulta del próximo 9 de noviembre no se puede considerar la definitiva. Como no se hubiera podido considerar la que tenía la cobertura del decreto». Este es uno de los párrafos que transcribía El Confidencial el martes pasado tras la comparecencia de Artur Mas en la galería gótica del Palacio de la Generalitat. No era ninguna novedad porque unos días antes el mismo presidente Mas había declarado al rotativo estadounidense The New York Times que la consulta del 9 de noviembre está en suspenso. A su antecesor, Jordi Pujol, se le olvidó contarle a los catalanes lo de la herencia oculta en un paraíso fiscal, y a Mas se le pasó contarle a los catalanes lo de que si el Gobierno se oponía, que no habría referéndum. …

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