Tuve la santa paciencia de ponerme el sábado pasado frente al televisor para presenciar en directo el gran teatro que la Generalitat de Cataluña había organizado en la sede del Ejecutivo catalán. Llegó Artur Mas vestido y peinado escrupulosamente. Saludó a su Gobierno, al resto de invitados y, cual torero que se empeña en hacer una gran faena, dio unos pasos hacia adelante y se situó casi en el centro del improvisado ruedo que formaban los asistentes al solemne acto. …
El expresidente de la Generalitat aseguró a Jordi Évole en una entrevista en el programa Salvados de La Sexta, el pasado 5 de marzo de 2012, que los corruptos no le han tentado, porque «los que tientan ya saben que hay gente a la que no se puede tentar». Sin embargo, Pujol reconoció que «en la política se aspira al poder y el poder, poco o mucho, tiene capacidad de corrupción».
Como estaba previsto y cantado, el Congreso Federal del PSOE eligió secretario general a Pedro Sánchez y a la Comisión Ejecutiva que le acompañará en esta travesía. El nuevo secretario general había comprometido su interés en elaborar una dirección federal corta y que pudiera visualizarse como el gobierno socialista en la sombra. Si para gobernar España son suficientes catorce o quince ministerios, no parece descabellado afirmar que para gobernar un partido bastaría con un número de secretarías equivalente. Pero no ha sido así. El número de miembros de la Comisión Ejecutiva Federal ha vuelto a dispararse hasta alcanzar la cifra de treinta y nueve. La primera pregunta que se me ocurre formular ante este escenario es: ¿Cuáles fueron las razones que impidieron cumplir la palabra y el deseo de Pedro Sánchez a la hora de proponer una dirección corta y solvente?
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Siempre se vuelve a escuchar una vez y otra vez y millones de veces las mismas historias, distintas versiones de los mismos cuentos con alternaciones
Con esta estrofa comienza la canción Siempre Igual, de Los Auténticos Decadentes. Escucharla en un programa de radio me llevó hasta la política española y más concretamente hasta el conflicto planteado por la Generalitat de Cataluña en su desafío soberanista. Si hay una palabra que define a la perfección lo que pretende Artur Mas, esa palabra no es otra que deslealtad.
¿De qué tendrá miedo Artur Mas? ¿Por qué huye Artur Mas? A lo largo de estas últimas semanas, hemos visto como huía el Presidente de la Generalidad de Cataluña. Huyó, primero, del Parlamento Español y, luego, del presidente del Gobierno de España. Del Parlamento Español porque el Congreso de los Diputados se vio obligado a debatir sobre una petición que le había solicitado el Parlamento catalán para que autorizara la convocatoria de un referéndum en Cataluña al objeto de que los catalanes se pronuncien sobre dos preguntas que intenta formular el Sr. Mas. Ya antes, ese mismo Congreso había debatido con el Gobierno vasco una propuesta similar, aunque más elaborada, que también había sido enviada por la Asamblea vasca. En este caso, el lehendakari Ibarretxe no se escondió tras su mesa de despacho, sino que acudió personalmente al Congreso de los Diputadosa exponer los argumentos que consideró oportunos para defender lo que entonces se conoció como el plan que llevaba su nombre.
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