Cataluña

Nacionalismo catalán. ¿Qué quieren?

Sólo quienes no conocen la historia de España pueden haberse visto sorprendidos por el resultado de las elecciones del 27-S y por la reclamación de una ruptura con un Estado que ya no garantiza el privilegio del que ha venido disfrutando la burguesía catalana desde el siglo XIX.

Quienes nos opusimos a la definición nacional de Cataluña no lo hacíamos por un afán centralista sino por evitar las consecuencias de tamaña e irresponsable cesión. Yo no soy ni nacionalista español ni centralista. Un extremeño no le debe nada al nacionalismo español, entre otras cosas porque su territorio y sus gentes han sido víctimas de ese nacionalismo que durante el siglo XIX y buena parte del XX protegió la industria catalana y vasca y el cereal castellano en perjuicio de otros territorios que tuvieron que comprar más caro los productos españoles que los foráneos.

Madrid y Barcelona

BarcelonaFormar parte de una comunidad en la que destaque espectacularmente una de las ciudades que componen el territorio de esa comunidad tiene la ventaja de que se tiene una referencia importante, como la cruz de guía del colectivo, y el inconveniente de que la parte llega a representar simbólicamente al todo. Eso es lo que ocurre en Cataluña y en la Comunidad Autónoma madrileña. Barcelona y Madrid son las partes, pero que los que no viven en ellas, las identifican con el todo.

Acuerdo con Felipe González… y con Borrell

Josep Borrell (EFE)La semana pasada escribí en estas mismas páginas un artículo que llevaba por título Acuerdo y desacuerdo con Felipe González. Después de lo visto, del desmentido de Felipe, y del silencio posterior, no tengo más remedio que titular este con el de Acuerdo con Felipe González, puesto que el desacuerdo ya no existe. Creo que no dijo lo que el periodista de La Vanguardia dijo que dijo, y no tengo ganas de preguntar por las razones que llevaron al periodista a entrecomillar una frase que Felipe no dijo. Si hubiera sido un político el que hubiera manipulado algo tan transcendente en estos momentos, se hubiera pedido su dimisión inmediata.

Incómodos

«Para que Cataluña se sienta cómoda en España» es una de las frases que más veces se han repetido desde que el señor Artur Mas acudió a La Moncloa a tratar de negociar un nuevo acuerdo de financiación autonómica para Cataluña y volvió a Barcelona defendiendo el derecho de autodeterminación de uno de los territorios que forman parte de España desde que este Estado se reconoce como tal.

Oyendo esa frase, se tienen la sensación de que España está formada por un conjunto de pueblos, todos contentos y felices de ser, sentirse y vivir en España, menos uno, Cataluña que se siente desgraciado por convivir con el resto. Ante ese tipo de cavilaciones, caben un par de reflexiones o preguntas.

Acuerdo y desacuerdo con Felipe González

Felipe González (EFE)Nunca -ni antes ni ahora- escuché a Felipe González establecer una comparación entre el nazismo o el fascismo y lo que ocurre en estos momentos en España y, más concretamente, en Cataluña. Y, tampoco, esa analogía se puede deducir del brillante artículo que recientemente publicó en El País bajo el título de A los catalanes. Sí deduje del párrafo en el que afirma que la liquidación del mismo Estatuto y de la Constitución en que se legitima, si se obtiene un diputado más en esa lista única de rechazo (…) es lo más parecido a la aventura alemana o italiana de los años treinta del siglo pasado. El señor Mas sabe que, desde el momento mismo en que incumple su obligación como presidente de la Generalitat y como primer representante del Estado en Cataluña, está violando su promesa de cumplir y hacer cumplir la ley; y se puede establecer un paralelismo entre la conducta de Artur Mas, tratando de romper la legalidad desde dentro del sistema, con la manera en que una marcha sobre Roma o unos poderes excepcionales al canciller alemán acabaron con sus democracias desde dentro.

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